Durante muchos años China ha sido un enorme mercado al que vender, un lugar en el que producir a costes competitivos y un competidor capaz de fabricar productos similares a los nuestros a precios mucho más bajos. En ese reparto de papeles, Europa conservaba una posición relativamente cómoda: nosotros teníamos el conocimiento, la tecnología y las capacidades de ingeniería; China, la escala, la velocidad y los costes.
Ese marco ha cambiado. China no solo compite cada vez mejor con nuestras empresas industriales, sino que empieza a hacerlo también en el terreno de la I+D. Y esto plantea una pregunta hasta hace poco improbable: ¿podría una empresa industrial vasca acudir a un instituto de investigación de Shenzhen, Shanghái o Pekín para desarrollar una tecnología que hasta ahora habría encargado a un centro tecnológico cercano o a un socio europeo?
¿China: laboratorio mundial?
China está construyendo una infraestructura científica, empresarial y tecnológica que está modificando el panorama de la I+D global. En 2025, la inversión en I+D en el país superó los 3,92 billones de yuanes (569.000 millones de dólares), alcanzando el 2,80% del PIB. Ese mismo año, China entró por primera vez en el top 10 del Global Innovation Index, desplazando a Alemania. Shenzhen-Hong Kong-Guangzhou ocupa ya el primer puesto entre los principales ecosistemas mundiales de innovación.
China está invirtiendo e innovando más, de eso no hay duda. Pero lo más relevante es que una parte creciente del conocimiento tecnológico que necesita nuestra industria se está ya generando fuera de Europa.
Un reciente trabajo del Institute for European Policymaking de la Universidad Bocconi [1]aporta una evidencia especialmente significativa. El estudio analiza dónde desarrollan realmente la I+D las multinacionales, distinguiendo entre el país de origen de la empresa que la financia y aquel en el que se realiza la investigación.
La principal conclusión del estudio es que China se sitúa como el mayor receptor neto de I+D extranjera en el sector manufacturero. Las multinacionales no solo producen o venden allí; desarrollan también una parte importante de su investigación dentro del ecosistema chino. Los propios autores plantean si China se está convirtiendo en “el laboratorio del mundo”. Es cierto que parte de esa investigación busca adaptar productos al mercado chino, pero que las multinacionales elijan ese ecosistema para investigar dice mucho de su capacidad.
Esta evolución introduce una paradoja para Europa. China es un competidor cada vez más fuerte en sectores industriales y tecnológicos avanzados, pero su creciente capacidad científica y tecnológica la convierte también en una fuente de conocimiento y en un potencial socio de I+D.
Competidor y fuente de conocimiento. Esa dualidad resulta especialmente relevante para los centros tecnológicos europeos.
¿Cómo puede afectar a los agentes científico-tecnológicos de Euskadi?
Euskadi cuenta con una infraestructura científico-tecnológica muy desarrollada, con universidades y centros tecnológicos de referencia que cuentan con una ventaja difícil de replicar: proximidad a la empresa, relaciones construidas durante años, conocimiento de sus procesos industriales y capacidad para transformar investigación en aplicaciones concretas.
Pero esas ventajas pueden erosionarse. Si una empresa industrial vasca compite con compañías chinas que desarrollan productos más rápido y operan dentro de ecosistemas tecnológicos muy potentes, necesitará acceder también al mejor conocimiento disponible. Y ese conocimiento puede no estar siempre en Europa. En baterías, electrificación del vehículo o robótica industrial, ámbitos clave para la automoción, la energía o la máquina-herramienta vascas, buena parte de la frontera tecnológica está ya en China.
En este contexto, ¿qué pueden hacer los agentes científico-tecnológicos de Euskadi? En mi opinión, la respuesta pasa por competir de otra manera. Hay al menos tres líneas sobre las que merece la pena reflexionar.
- Observar mejor y especializarse más. Con una competencia tecnológica global, los centros necesitan saber quién está en la vanguardia mundial en sus ámbitos prioritarios y concentrar recursos allí donde puedan construir capacidades realmente diferenciales.
- Conectarse con quienes saben más, estén donde estén. Si algunas tecnologías avanzan más rápidamente en Shenzhen o Shanghái, nuestros centros tecnológicos deberían encontrar fórmulas para estar conectados allí: acuerdos con universidades e institutos, investigadores compartidos, proyectos conjuntos, antenas tecnológicas o cualquier otro mecanismo que permita acceder al conocimiento.
- Evolucionar hacia integradores globales de conocimiento. El valor de un centro tecnológico no estará solo en desarrollar tecnología propia. sino también en identificar la mejor solución disponible, evaluarla, adaptarla y ayudar a integrarla en la industria vasca. Cuanto más global sea la tecnología, más valioso puede resultar disponer de un socio local de confianza capaz de navegar por ella. Esto exigirá también revisar cómo se financian y evalúan los centros, hoy muy orientados a generar capacidades propias.
Nada de esto es sencillo. Colaborar con China obliga a proteger con rigor la propiedad intelectual, tener en cuenta que algunas tecnologías sensibles no pueden compartirse libremente y hacerlo en coherencia con la estrategia europea de seguridad económica, sin crear nuevas dependencias.
China es un competidor difícil y, a la vez una gran fuente de conocimiento, tecnología y oportunidades de colaboración.
Para Euskadi, el reto pasa por encontrar la manera de que nuestro sistema tecnológico siga ofreciendo un valor diferencial a las empresas, incluso en un entorno en el que China y otros países generan cada vez más conocimiento.
Durante décadas construimos un modelo basado en acercar la tecnología a nuestras empresas. Quizá el siguiente paso sea más ambicioso. Conectar nuestras empresas con la mejor tecnología del mundo. También cuando venga de China.
[1] The Laboratory of The World? Territorial vs Headquarter R&D in the European Union, China and the United States. 1Institute for European Policymaking, Bocconi University

