Organización para la especialización de la investigación

Las instituciones de investigación fuera del ámbito universitario, en cualquiera de sus denominaciones – centro de investigación, tecnológico, de investigación cooperativa, corporación tecnológica, etc. – desempeñan y seguirán desempeñando un papel esencial en los sistemas de innovación de muchas de las regiones y países europeos.

Por su naturaleza afrontan el reto acercarse a la industria y crear conocimiento de vanguardia aplicando métodos científicos, pero con lógicas de gestión distintas a las académicas, de forma que sus usuarios potenciales (empresariales) y sus promotores (políticos) perciban que su creación actual es relevante y que tienen sus necesidades futuras en mente.

En su día a día buscan un equilibrio en un mundo de dicotomías: titularidad pública o privada, ciencia básica o tecnología aplicada, confidencialidad o conocimiento compartido, focalización local o ambición global, grandes socios empresariales o una nube de pequeños clientes, innovación gradual o radical. Gestionar esta “paranoia vital” requiere una estrategia clara, convicción y sólidos modelos organizativos que salvaguarden la actividad investigadora y hagan perdurar la percepción de aportación de valor.

Estas instituciones habitualmente resuelven sus retos organizativos a través de dos estructuras alternativas: la especialización por tecnologías, que fomenta la creación y evolución de capacidades científicas o tecnológicas innovadoras para cualquier uso potencial; o la especialización por mercado, orientada a la resolución de problemáticas críticas (de corto y largo plazo) de sectores concretos.

La especialización tecnológica facilita crear masas críticas en disciplinas concretas y ofrece mayores posibilidades de generación de conocimiento técnico de frontera, que genera un efecto de atracción de talento que multiplica los resultados. Al disponer de múltiples sectores y empresas objetivo se favorece la percepción de valor. Sin embargo este modelo debe prestar especial atención a dos aspectos: la gestión de la transversalidad y multidisciplinariedad (dentro o fuera del propio centro) y la búsqueda de aplicaciones de mercado que permitan una transferencia y explotación permanente de resultados que materialice el valor potencial. Centros como Singapore Institute of Manufacturing Technology o Max Planck Institute utilizan este modelo.

Por su parte, la especialización por mercado favorece la convergencia de tecnologías, esencial en el mundo actual, y se acerca a la resolución de problemáticas concretas desde un punto de vista integral, incrementando la probabilidad de generación de innovaciones radicales con aplicación inmediata. En este esquema son esenciales el contacto con el mercado, creatividad y anticipación. Los centros que optan por esta organización apuestan su futuro a la carta de ser la referencia en un sector, y deben demostrar que son un socio de valor para la mayoría de integrantes de la industria. El reto estriba en tener acceso real a un mercado objetivo de dimensión suficiente para sostener su actividad. Grandes instituciones como TNO o National Research Council Canada enfocan así su desarrollo.

Como sucede en la gestión empresarial, distintas alternativas organizativas pueden conducir al éxito. Las dos opciones mencionadas son aplicadas con éxito en distintos centros internacionales. En ambos casos es esencial que la estructura organizativa acompañe a una apuesta estratégica que demuestre solidez, sea coherente con las capacidades técnicas disponibles y tenga presente la orientación y adaptación a su mercado objetivo.

*Publicado en Cuadernos Estrategia. I+D+i de Julio 2013

 

Manu Vizán

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