Situaciones de tensión en América Latina y su impacto sobre la Competitividad

Situaciones de tensión en América Latina y su impacto sobre la Competitividad

América Latina tenía antes del COVID 19 y tiene hoy en forma más aguda compromisos pendientes de todo tipo: sociales, económicos, institucionales, de índole macro, meso y micro, territoriales y regionales. Entre todos estos factores que limitan la configuración de entornos competitivos sostenibles para un desarrollo armónico se encuentran las desigualdades sociales.

América Latina está viviendo tiempos difíciles.

El Panorama antes de la aparición del COVID 19

La Nueva Revolución Tecnológica, ha provocado y lo continuará haciendo, cambios e impactos por demás profundos en todas las áreas de la sociedad, en lo económico, en lo social, en lo institucional, en la forma en que vivimos y nos relacionamos. Sin duda, estos cambios e impactos no tienen los mismos efectos en todos los países, regiones o comunidades, especialmente porque la revolución no encuentra a todos ellos, preparados por igual para integrarla o hacerle frente.

América Latina es una de las regiones donde los debes antes de la irrupción tecnológica eran y son muchos, así como también son muchas las frustraciones sociales y las inseguridades que la propia revolución tecnológica ahora hace transparentes, con un rol protagónico de la información, comunicación y disponibilidad del conocimiento.

Problemas y tensiones

La economía de América Latina y del Caribe cierra 2019 con un magro crecimiento del 0,1%, y las cifras del período que comienza a partir del 2014 reflejan en conjunto la peor actuación de la región en las últimas décadas.

Las causas de este comportamiento económico están en términos generales bien identificadas y diagnosticadas.

América Latina tiene en sus debes compromisos pendientes de todo tipo: sociales, económicos, institucionales, de índole macro, meso y micro, territoriales y regionales. Arrastra estas tareas pendientes a la hora de poner al día y realizar esfuerzos para conseguir mejores posicionamientos competitivos, en el sentido en el que entiendo esta palabra, es decir, directamente relacionada con el bienestar de la comunidad y de su gente.

Entre todos estos factores que limitan la configuración de entornos competitivos sostenibles para un desarrollo armónico se encuentran las desigualdades sociales. la Secretaria Ejecutiva de CEPAL, Alicia Bárcena, lo ha dicho claramente: “En la región, el 10% más rico gana 70 veces más que el más pobre”.

Hasta 2012 – 2014 se contabilizan avances importantes en la mitigación de las desigualdades sociales, pero a partir de ese período esta desigualdad no solo se ha estancado, sino que vemos un retroceso que frustra las aspiraciones de muchos de los colectivos sociales que aspiraban a hacer posible las mejoras.

Al analizar esta situación, encontramos una correlación de los retrocesos con la disminución de los ingresos del comercio exterior extra regional, debido principalmente a la baja en los precios de las materias primas, principal producto del que América Latina todavía depende a la hora de posicionarse en el mundo global.

CEPAL proyecta para 2019 un descenso en el valor de las exportaciones de un 2% y una disminución de las importaciones en el orden del 3% para la región.
El descenso del comercio no se limita al nivel extra regional y se observa también a nivel intrarregional. Disminuye la capacidad de compra de los países de América Latina, con el agravante de que afecta el desarrollo manufacturero, pues es en las relaciones intrarregionales donde existe un mayor peso del comercio con mayor valor agregado. CEPAL proyecta descensos del orden del 10% para el comercio entre los países de la región y, de ser así, alcanzará la modesta suma de un 15,5 % del comercio total regional, con niveles sensiblemente menores a los de Europa o Asia.

Toda situación de desigualdad provoca sin duda descontentos y rechazos, pero estos aumentan a la hora de constatarse una parada en su atención o un retroceso en sus impactos.

Estas tensiones sociales se retroalimentan con las capacidades que ha puesto a disposición la Revolución Tecnológica en materia de conocimiento, acceso a la información e intercambio bajo la infraestructura de redes.

La unión entre la desaceleración económica junto a la transparencia y disponibilidad que ofrece a los distintos actores sociales la tecnología, generaron una combinación que impactó en los descontentos, las reivindicaciones y el descreimiento de los líderes políticos, los cuales fueron puestos en tela de juicio. Descontento que se suma al descubrir y socializar situaciones de corrupción, que se pusieron de manifiesto en muchos de los países de la región, lo que determinó y aumentó las tensiones sociales.

Los cambios estructurales pendientes, como mejoras en la productividad, disminución de la dependencia de las materias primas, desarrollo de infraestructura, mejoras en la educación, etc., complican este panorama y afectan sin duda a la competitividad de los entornos empresariales, que adicionalmente se ven comprometidos por el incremento de las tensiones sociales. Cambios estructurales y tensiones sociales que requerirán de un enfoque sistémico buscando decisiones de gestión y políticas activas direccionadas hacia avances visibles y sostenibles. A su vez, dicho enfoque sistémico se complejiza a la hora de tener en cuenta la disyuntiva que implica la necesidad de activar un proceso de selección sobre aquel conjunto especializado de medidas socio-económicas a implementar.

Un problemática que muestra por sí misma la difícil situación que implica el decidir por un lado, a qué medidas estructurales se le deberá dar prioridad, (medidas estructurales cuyo impacto exigirá de parte de los colectivos sociales paciencia y comprensión ya que sus efectos generalmente no son ni de corto ni de medio plazo) y por otro cuales serán aquellas que se buscará priorizar en el corto plazo y que a su vez deberán mostrar en forma palpable efectos medibles y visibles para la sociedad contemporánea.

La irrupción del COVID 19

A esta difícil situación que atravesó América Latina durante el 2019 se le suma entre febrero y marzo del 2020 el conocimiento de la irrupción de una nueva y agravante problemática: la aparición del COVID 19, que afecta no solo a la región, sino que iniciada en China se ha convertido en una pandemia de alcance mundial. Pandemia que, al momento de la redacción de este artículo, América Latina se encuentra atravesando y que como en muchas otras regiones afecta y afectará seguramente la forma en que “vivimos, estudiamos y trabajamos”.

El alcance, la gravedad de sus efectos y los impactos y cambios que provoca y provocará y que se sabe ya gravitantes tanto en lo social como en lo económico, escapan al presente artículo y las lecciones que ella deje serán por supuesto material para nuevas investigación y aprendizajes.

Sin embargo, en este corto período de tres meses para el calendario pero mucho más largo para la sensibilidad de las personas, se observa por ejemplo, sin ser taxativos: la importancia de contar con un sistema de salud fuerte e inclusivo, las certezas y revaloraciones de actividades como la ciencia y tecnología, la educación, la mayor vulnerabilidad de los más desprotegidos, las nuevas valorizaciones de una gestión territorial más armónica y muy especialmente la revalorización de los roles del Estado.

La participación en la orientación y gestión de los cambios

La situación actual de los debes estructurales, el análisis de la prospectiva de los entornos externos a la región (que muestran escasos niveles de crecimiento) y el profundo impacto de la revolución tecnológica a la que se suman los efectos del COVID 19, parecen mostrar la necesidad de encarar y fomentar en América Latina un pensamiento consensuado sobre prioridades y medidas, tanto en su orientación estratégica como en el modelo de gestión para llevarlas a cabo, así como repensar la importancia de profundizar sus vínculos internos y su reposicionamiento como región a nivel global.

Las medidas necesarias y los cambios estructurales pendientes se conocen, se han diagnosticado y mostrado históricamente. Como también se ha analizado la importancia de accionar hacia la búsqueda de una América Latina más integrada, fuerte en su identidad, más inclusiva y equitativa.

Gestionar e implementar estas medidas, sin embargo, es un gran desafío en sí mismo.

Por todo ello, parecería necesario repensar los procesos de gestión por un lado y, por otro, la importancia de que dichos procesos cuenten con consensos sociales para aportar y colaborar a la hora de hacer compatibles las demandas del hoy con las necesidades de cambios estructurales para un futuro mejor.

Aun sabiendo de antemano que es un proceso de gran esfuerzo, el gestionar cambios y disminuir tensiones sociales a la vez, este proceso parecería facilitarse incrementando los diálogos sociales responsables, mediante la participación activa que incluya a todos los colectivos sociales involucrados, tanto en la orientación estratégica como en el seguimiento de la aplicación de los mismos. La tecnología disponible hoy lo habilitaría.

 

Artículo escrito por Primavera Garbarino, Socia Directora de Integran Consulting.

 

*Publicado en Estrategia #0000009

 

 

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