Responsabilidad Social Corporativa, ¿compromiso empresarial o estrategia de marketing?

Escuchamos a menudo hablar de “Responsabilidad Social Corporativa” o “Responsabilidad Social Empresarial” como conceptos ligados a la contribución que las organizaciones realizan a la sociedad y al entorno socioeconómico en el que desarrollan su actividad. No obstante, si me paro a pensar, me pregunto si su uso no se habrá intensificado en muchos casos como mero reclamo publicitario y práctica ineludible de cualquier modelo empresarial actual que se precie, con el objetivo fundamental de “vender” un comportamiento empresarial responsable. ¿Acaso la RSC no es algo más que eso?

La Comisión Europea definió la RSC como “la integración voluntaria, por parte de las empresas, de objetivos sociales y medioambientales en sus operaciones y en sus relaciones con el resto de actores implicados”. Y en una aproximación más práctica, sabemos que la sociedad actual demanda, cada vez más, un comportamiento socialmente responsable (es decir, ético, transparente, respetuoso, justo, verde, limpio, etc.) por parte de las organizaciones, premiando con su atención y fidelidad a aquellas que van más allá del mero cumplimiento de sus obligaciones legales. 

Puede que estemos aún muy confundidos en torno al verdadero significado de este concepto, y que como organizaciones, nos quede mucho camino por recorrer en este sentido. No estamos hablando de responsabilidad social como herramienta de marketing ni estrategia de comunicación, no hablamos de “maquillar” la actividad de la empresa de cara a generar una mayor demanda social e incrementar los beneficios y la rentabilidad. Tampoco hablamos de una actividad totalmente altruista. Hablamos de compromisos diarios adquiridos con cada uno de los agentes con los que nos relacionamos, de promoción de valores dentro de la organización como el respeto al medioambiente, la apuesta por el desarrollo profesional de los trabajadores, el desarrollo del entorno local o la apuesta por la comunidad bajo el prisma de la transparencia, la solidaridad y la ética profesional.

Ante esta gran complejidad del entorno en el que vivimos, expertos como Michael Porter y Mark  Kramer, han adquirido una experiencia importante en este ámbito, avanzando en su investigación hasta acuñar un nuevo término que va más allá de la RSC, tal y como hoy la conocemos: la “Creación de valor compartido”. En su tesis, ambos autores apelan a la necesidad de relacionar la competitividad de las organizaciones con la salud de las comunidades en las que desarrollan su actividad, a través de la oferta de nuevos productos, la atención a nuevos clientes o la consideración de nuevas formas de configurar de la cadena de valor.

En respuesta a la creciente importancia de este término, invito a reflexionar y repensar la postura que adoptamos en cada una de nuestras organizaciones. La RSC debe quedar inmersa en la estrategia de futuro, alineada a su vez con la identidad y la cultura empresarial, e impregnar a todos los niveles de la organización, partiendo de un claro liderazgo y apoyo por parte de la Dirección.

Enraizar estos valores dentro de la estrategia de la organización es uno de los grandes retos a los que deberán enfrentarse las organizaciones que verdaderamente apuesten en el futuro por la RSC, en “mayúsculas”. ¿Seremos capaces de avanzar hacia este nuevo modelo de entendimiento de la responsabilidad social?

*Publicado en Cuadernos Estrategia, RSE - Estrategia Empresarial, Diciembre 2013 (issu)

*Publicado en Cuadernos Estrategia, RSE - Estrategia Empresarial, Diciembre 2013 (PDF)

 

Lucía Hidalgo

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