Evoquemos “Creatividad, Espontaneidad, Vida”

Muchas veces me pregunto dónde habrán quedado algunos de los principales tótems de mi juventud. Cuando analizo muchas empresas donde colaboro no puedo dejar de contemplar la figura de Danny el Rojo en el mayo del 68 francés pregonando la célebre frase que da nombre a esta breve reflexión empresarial.

Mi gran preocupación con un número importante de proyectos empresariales es que están perdiendo estos tres elementos que son consustanciales al desarrollo de la organización. Miremos hacia nuestras propias casas y pensemos en la forma en que tratamos la creatividad y la espontaneidad. En la mayoría de empresas establecemos  procesos rígidos y poco favorecedores de la creatividad personal, el control prevalece sobre la creación, la repetitividad sobre la exploración, el hacer frente a la curiosidad.

No pretendo sostener que no es necesario establecer mecanismos que generen eficiencias operativas en las organizaciones, pero considero que el verdadero valor añadido se crea – desarrollando esa base de eficiencia – sobre la exploración, la curiosidad, la emoción y la aplicación de la inteligencia creativa a los procesos de negocio.

Las empresas son organismos vivos que se nutren de las capacidades, las emociones y las interrelaciones humanas. ¿Cómo vamos a ser competitivos si ponemos vallas a la creatividad, la espontaneidad es – cuando menos – constreñida y, la alegría de vivir se encorseta en métodos y procedimientos?

En esta nueva era que nos toca vivir, con un alto nivel de apertura internacional, con una permanente interacción de esquemas mentales diferentes, tenemos que hacer que nuestras organizaciones incorporen los tres elementos citados en su ADN. Las personas aportamos más a nuestra sociedad cuando liberamos nuestra creatividad, fomentamos la espontaneidad y, sobre todo, nos sentimos vivos.

Me sumo a la lógica del Mayo del 68 pidiendo lo imposible, como símbolo de realismo. Es impensable que sin personas libres, creativas y comprometidas las organizaciones están avocadas al fracaso.

*Publicado en El Economista, 27/02/2012

Sabin Azua

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