La belleza de la empresa

A menudo tengo que recordar en mi vida profesional algo tan evidente como lo que refleja el título de este artículo. Llegué al mundo de la empresa sin tener muy claro que era mi vocación profesional de vida. ¡Cuántas dudas para elegir camino, dado que me apasionaban la comunicación y la política! Hay muchos momentos en los que me ha costado validar esa decisión.

Pero hoy más que nunca, me viene a la memoria la frase de Roberto Benigni  en la maravillosa película La vita è bella, 1997: “La vida a veces duele, a veces cansa, a veces hiere. Ésta no es perfecta, no es coherente, no es fácil, no es eterna, pero a pesar de todo, la vida es bella”, en relación con el papel de la empresa en la sociedad, reconforta mi espíritu.

Cogiendo esta frase como hilo conductor del pensamiento sobre la empresa, considero que el primer elemento de belleza que comporta es su papel crucial en el proceso de generación de riqueza de un país. No hay justicia social, ni desarrollo competitivo posible, sin un tejido empresarial potente que aporte valor a la sociedad. Creo que una parte importante de la sociedad no asume que la lucha por las desigualdades sociales comporta un desarrollo vital de la empresa como eje central del proceso.

Este es el mayor rasgo de belleza de la empresa. Es lo que hace que aunque en ocasiones no sea perfecta, ni vaya a tener una vida eterna, como decía Roberto Benigni, tenga el atractivo suficiente para motivarnos a mejorarla constantemente. Además de las imperfecciones intrínsecas a todas las creaciones humanas, las empresas han tenido una consideración de fealdad desde distintos ámbitos sociales.

Necesitamos que la empresa potencie su luminosidad y su belleza frente a la sociedad, y para ello son necesarios tratamientos permanentes que mantengan su atractivo. Tenemos que profundizar en su concepción de comunidades de personas que desarrollan un proyecto compartido, sostenible, enraizado en su sociedad, abiertas, éticas, que tienden a incorporar rasgos multiculturales que desde “un cierto nivel de exotismo” las revitalicen en busca de la fuente de la eterna juventud.

Hoy que el mundo está terriblemente revuelto, que resulta muy difícil competir, se abre un camino maravilloso para, desde la imperfección y la dificultad, generar proyectos empresariales “hermosos” que atraigan a los mejores a desarrollar su competitividad con nuevos cánones de belleza. La revitalización de la empresa con la incorporación de nuevos perfiles profesionales, culturas diversas, tecnologías nuevas, etc., nos brinda una oportunidad enorme para hacer de la empresa un escenario que nos permita exclamar: “La vida es bella”, también en el ámbito empresarial.

Puede seguir el artículo en El Economista.

 

Sabin Azua

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