Implantando cambios, entendiendo a las personas

Frecuentemente veo cómo las personas, al igual que las organizaciones, desean hacer realidad sus sueños y planes de futuro (cambios de estilo de vida, nuevos rumbos empresariales,….), pero compruebo cómo sólo un reducido número de ellas logra hacerlos realidad.

¿Tanto nos cuesta cambiar? ¿Tan difícil es hacer que las cosas sucedan? Confirmo que sí, más aún en la realidad en la que vivimos, en la que a las personas y empresas se nos exige “reinventarnos” casi de manera continua. Y tanto más cuanto mayor es el cambio que supone el objetivo establecido. No cabe duda de que las personas, al igual que las empresas, encontramos verdaderas dificultades a la hora de materializar nuestro pensamiento en acción.

Dificultades asociadas a “obviar nuestro pasado y nuestro presente”, “no interiorizar adecuadamente el objetivo a perseguir”, “sueños demasiado ambiciosos, sin desagregarlos en pequeñas metas”,  “acomodamiento en nuestro status quo”, “aversión al riesgo”, “equivocada reasignación de recursos –económicos y humanos- para la puesta en marcha del plan”, “oportunidades del momento, que nos alejan del plan establecido”, etc.

Independientemente de cuáles sean las dificultades concretas a las que se enfrenta cada persona o empresa, lo cierto es que acaban “boicoteando” la implantación del sueño. La persona o empresa se convierte en un “eterno soñador”, en ocasiones además, frustrado.

Reflexionamos adecuadamente acerca del futuro, pero olvidamos “soñar sobre cómo será el camino”, olvidando dotarnos de las “protecciones” necesarias para sortear las barreras que, seguro, intentarán obstaculizar nuestra llegada a la meta.

A la hora de definir e implantar estrategias en las empresas, los directivos frecuentemente descuidan la dificultad al cambio inherente a las personas. De lo contrario no sería tan común que las empresas fracasen más habitualmente durante la implantación de sus estrategias que durante la definición de las mismas.

Las empresas están formadas por personas y son éstas las responsables de ejecutar o llevar a cabo los sueños y estrategias definidas. Si ya es un hecho que a las personas nos cuesta poner en marcha nuestros propios planes, ¿Cuánto mayor no será el esfuerzo necesario para impulsar el cambio que requiere la implantación de los planes de futuro de una organización si además las personas no se sienten propietarias de ese “sueño”?

Para eliminar aquellas piedras que se encuentran en el camino de implantación, que seguro que las habrá, los equipos directivos deben establecer principios, actuaciones, modelos de gestión y herramientas  que les permitan luchar contra el asentamiento del status quo. Algunas de ellas pueden ser:

  1. Trabajar para que las personas reconozcan la necesidad del cambio,
  2. Mantener la “emoción” en torno al proceso,
  3. Apoyarse en personas clave de la organización,
  4. Definir estrategias alineadas tanto a las capacidades como a las estructuras organizativas,
  5. Desagregar grandes objetivos estratégicos en pequeñas tareas,
  6. Establecer presupuestos económicos que apoyen la implantación,
  7. Disponer de modelos de gestión e indicadores de apoyo a la implantación,
  8. Diseñar sistemas de incentivos alineados con los objetivos,
  9. Alinear la estrategia con la cultura corporativa y sobre todo,
  10. Ejercer y ejercer el liderazgo estratégico.

Para conseguir alcanzar sus metas de forma exitosa, los equipos directivos deben, dentro del proceso de reflexión estratégica, dedicar suficiente tiempo al “soñar cómo será el camino”, incluso casi más tiempo que el dedicado a “soñar con la meta”.

 

*Publicado en Empresa XXI, Septiembre de 2011

Medios