Mantengámonos siempre como ‘esos locos bajitos’

Que lejos quedan para algunos de nosotros los tiempos de la niñez en la que todo lo que imaginábamos tendía a convertirse en realidad en nuestras cabezas. Cuando contemplo organizaciones anquilosadas y poco gratas para trabajar siempre evoco con nostalgia aquellos felices momentos.

Es la época de nuestra vida presidida por atributos tales como la curiosidad, el disfrute real de las vivencias en las que nos sumergimos, la apertura hacia los demás materializada en la capacidad de jugar con cualquier otro sujeto extraño, el descubrimiento permanente de nuevas sensaciones y emociones, la vitalidad exasperante para los cansados padres, la pasión entregada al logro de lo deseado, la invención de nuevos juegos y mecanismos de conexión con otros humanos, etc. Estos elementos o atributos formaban parte de nuestra vida cotidiana de forma natural, sin tener que asistir a sofisticados cursos de creatividad, generación de ideas, innovación, trabajo en equipo, emprendizaje, etc.

En contraposición a esta etapa vital asistimos a una realidad en que en la mayoría de las organizaciones talamos de raíz las actitudes y los comportamientos de los que conservan gran parte de  la frescura innata de los locos bajitos, lo que dificulta grandemente la capacidad de reinvención que hoy nuestra sociedad y el entorno competitivo tradicional exigen. ¿Cómo vamos a tener organizaciones innovadoras, emprendedoras, creativas, atractivas, dinámicas y fuertes si la práctica de gestión empresarial borra estos comportamientos del mapa?

Da mucha pena observar como el proceso que se da en la creación de un nuevo proyecto empresarial (desde la idea de negocio inicial) se asemeja al de la niñez: es un período de aprendizaje constante,  el/los promotor/es se enfrenta(n) a lo nuevo con pasión desencadenada y curiosidad, se aporta la frescura de la imaginación y la experimentación, así como la asunción del error, se tiene una actitud más proactiva frente a la asunción de riesgos, se genera una diversión en el trabajo muy superior a la media.

Si esto que sostengo es verdad, ¿Por qué la dinámica de las organizaciones en desarrollo transita por caminos absolutamente distintos? ¿Por qué una gran parte de las organizaciones actuales pierden frescura, idealismo, imaginación, creatividad y alegría?

Si como país queremos jugar un papel relevante en el nuevo orden económico internacional, nuestras empresas, asociaciones, partidos, sindicatos, universidades y organizaciones intermedias deben hacer una evolución de sus praxis de gestión hacia la creatividad, la innovación, la generación de nuevos espacios de valor añadido, la generación de nuevas ideas de productos/servicios, etc., como mecanismos de desarrollo sostenible.

Esto no será posible mientras no seamos capaces de volver a ser “esos locos bajitos” que disfruten apasionadamente del juego de la creación de valor en la empresa, que aporten la frescura y la curiosidad como mecanismos de trabajo diarios, que se apasionen en la búsqueda de los objetivos, que exploren sistemáticamente el azar, que valoren la emoción tanto como el saber y que sean capaces de transmitir toda su energía y vitalidad a los agentes con lo que se relacionen.

Desde el rigor por el trabajo bien hecho y la permanente mejora de la competitividad de nuestras organizaciones, apelemos al espíritu infantil para desarrollar organizaciones más humanas. Yo, personalmente, no quiero dejar nunca de ser un “loco bajito” que se divierta en el desarrollo de su actividad profesional.

*Publicado en El Economista, 10/12/2012

Sabin Azua

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