No pongan sus sucias manos sobre la empresa

Cuando se inició la crisis económica que padecemos se alzaron numerosas voces que clamaban por el fin del capitalismo tal y como se había construido, por la caída del valor del mundo financiero, por la vuelta a los valores, por la definición de nuevos modelos económicos de desarrollo, etc. Parecía que por fin, la ideología, la cohesión social y la apuesta por la generación de organizaciones más competitivas y humanas iban a estar en el centro del debate.

Si hacemos balance de la situación no podemos más que constatar que el ruido creado se va diluyendo en medio de medidas y proclamas que se orientan en sentido contrario. Hoy dirigen la economía y la vida de las personas, un conjunto de seres anónimos amparados por las instituciones multilaterales que son los mismos que antes alentaban al enriquecimiento rápido, el crecimiento por el crecimiento, alababan las políticas de gobierno hoy denostadas, etc.

Creo que debemos recuperar la esencia de la política y de nuestro componente comunitario de la economía. Euskadi está sustancialmente mejor que otras naciones europeas, pero no es suficiente. Debemos continuar apostando por una economía mixta público-privada, por la consolidación de nuestro sistema de ciencia y tecnología, por el desarrollo de la industria manufacturera en términos de generación de valor añadido, por la internacionalización de nuestras empresas, por modelos de negocio fuertemente centrados en las personas, por la utilización del concierto económico y la política fiscal como instrumento de generación de competitividad, etc.

El fin último de la empresa es la generación de riqueza para el entorno, la entrega de productos y servicios de calidad, éticos y responsables, el desarrollo del proyecto y la consolidación del empleo y la calidad de vida de las personas, dentro de un profundo respeto al medio ambiente y al desarrollo del Territorio. No nos olvidemos nunca de ello, debemos apoyar procesos de empresas que se muevan en estos principios básicos de responsabilidad social corporativa.

Creo firmemente que otro mundo es posible. La esencia de nuestra sociedad aboga por la indisoluble unión entre generación de riqueza y cohesión social. Eso implica la democratización de las empresas, la estrecha interrelación entre todos los agentes socio-económicos implicados, la apuesta por un nuevo modelo de administración pública, una profundización en el diálogo social y una apuesta intergeneracional que se orienta a la sociedad del mañana. Parafraseando a Manuel Vicent en su celebre artículo en la época de la transición, señores tecnócratas: “no pongan sus sucias manos en nuestra economía y empresas”.

Sabin Azua

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