Reivindiquemos el papel de la empresa y el empresario

Hoy más que nunca es preciso situar a la empresa en el centro del modelo de desarrollo económico y social de las regiones. Si existe una organización vital en este proceso es la empresa. Es el espacio natural para la generación de riqueza, es la promotora de la mayoría de la investigación y desarrollo, es el ámbito adecuado para el desarrollo profesional y personal de un número significativo de personas del Territorio, genera bienes y servicios útiles para satisfacer necesidades humanas, etc.

A pesar de todo ello, en los últimos tiempos asistimos a un declive de la consideración social de la empresa y del empresario. Se asimila con aspectos negativos, como el deterioro del medio ambiente, la explotación de los trabajadores, la producción de productos poco éticos, la “maldad” de los empresarios, etc. Muchos colectivos sociales, arropados por un desafortunado enfoque de los medios de comunicación, han estigmatizado a la empresa y a los empresarios.

En mi opinión, debemos cambiar radicalmente esta posición. Necesitamos trabajar para poner en valor la contribución de los y las empresarias y de las empresas como vehículos de desarrollo humano sostenible.  Sin hacernos trampas semánticas, además, como no nos gusta la palabra “empresario”, nos inventamos “emprendedor” y a éste si le conferimos todas las  bondades que negamos al primero.

¡Hay de aquellos emprendedores que tengan éxito! Si consiguen encontrar un buen modelo de negocio, atraer a clientes o consumidores a su entorno, generar riqueza, contratar a trabajadores, etc., se convertirán en ¡malditos empresarios! Este es el fariseísmo en el que nos movemos.

Me gustaría usar como referencia, además,  el fichaje de Asier Illarramendi por el Real Madrid la temporada pasada. A los mismos que denigran a los empresarios por su enriquecimiento, les parecía normal que un chaval de 23 años pase a cobrar (según la prensa deportiva) 3 millones de euros netos al año en un contrato de 5 años. Acabar el contrato con unas ganancias, primas y derechos de imagen aparte, de 30 millones de euros brutos es normal. ¡Cómo no va a aprovechar la oportunidad si tienen una vida profesional corta!

¿Conocéis muchos empresarios en vuestro entorno que, generando empleo y riqueza en el territorio sean capaces de ganar 30 millones de euros en su trayectoria empresarial? Yo no muchos. Sin embargo, muchos de los mismos que defienden la oportunidad para el jugador, atacan permanentemente la figura del empresario por su avaricia y desapego social.

Tenemos que hacer pedagogía social de la labor de la empresa y del empresario. Desde la educación básica, los medios de comunicación, la política, los movimientos sociales, etc. Es una labor colectiva en la que tenemos que emplearnos para –entre todos colocar a la empresa en el eje de la generación de riqueza y la disminución de las desigualdades sociales. 

Necesitamos empresas y empresarios comprometidos con la generación de proyectos sostenibles en el largo plazo, generadores de dinámicas de distribución de rentas lo más equitativas posibles, vinculadas con el desarrollo del territorio, competitivas frente a la creciente complejidad del entorno internacional. No nos podemos permitir el lujo de prescindir o limitar el desarrollo de la capacidad empresarial de nuestro pueblo.

Yo creo en el concepto de la empresa como una comunidad de personas. Cómo dijera Manu Robles Arangiz (Fundador y Presidente de ELA-STV): “La empresas son comunidades de personas integradas en otra comunidad. Cada uno de sus miembros aporta en función de sus capacidades a un proyecto compartido. La principal obligación de nuestra comunidad es vertebrar un proyecto de futuro que sea capaz de competir generando riqueza en todos los ámbitos en que se involucre”.

 

 

Sabin Azua

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