¿Qué apostamos?

Estas dos palabras las he oído cientos de veces a mi alrededor, sobre todo cuando tenía unos cuantos años menos y mucha más vida social: “qué apostamos” . Cualquier diferencia de criterio o dificultad acababa en un “qué apostamos… que me como todos los pinchos de la barra, que voy nadando hasta la otra punta, que consigo unas entradas para el partido del Athletic…”  

Quizás este “qué apostamos” podría ser bien útil en multitud de empresas hoy en día, en empresas que tras años muy duros y con personas arrastradas por el pesimismo, necesitan plantearse retos que sean desproporcionados con sus recursos y capacidades, y generar la ilusión e incluso obsesión por alcanzarlos. 

Para poder apostar fuerte en las empresas necesitamos definir una posición a medio plazo que sea ilusionante y diferente. Esta apuesta empresarial no debe centrarse en los problemas actuales sino en las oportunidades de mañana, no debe replicar lo que hacen los competidores sino que debe ser diferente, creando nuevas propuestas de valor y nuevos mercados. Y además la apuesta debe ser a medio plazo, como una maratón en la que vayamos alcanzando éxitos parciales que nos vayan llevando en la dirección deseada. 

Para ganar la apuesta es fundamental que se trate de una apuesta colectiva, donde participemos el máximo de personas de la empresa, porque aunque esté claro a dónde queremos llegar tras la maratón, el camino a seguir y las tácticas para sortear los obstáculos requerirán de mucha imaginación y esfuerzo, obteniendo el máximo de los recursos que tengamos. 

Y este es uno de los motivos por los que la honestidad y la humildad de la alta dirección es quizás el primer requisito para poder ganar la apuesta. Honestidad para compartir los retos y oportunidades que existen, así como las dificultades que debemos superar, y humildad para reconocer que la mayor parte del conocimiento para alcanzar la difícil apuesta no está en la alta dirección, sino en muchas personas de la organización que están en el ruedo todos los días, con los clientes, con los proveedores, con sus compañeros, etc. y que por este motivo pueden aportar ideas muy valiosas para ir avanzando en la maratón y ganar finalmente la apuesta. Por ello, la función de la alta dirección será apoyar la apuesta y coordinar los esfuerzos de todos, manteniendo el foco, motivando y comunicando los avances, apalancando los recursos escasos donde puedan ser más necesarios, acelerando el aprendizaje… 

Toda apuesta entraña dificultades y dudas a nuestro alrededor sobre nuestra capacidad para conseguirlo. Pero si de verdad apostamos, y conseguimos que sea una apuesta colectiva, las posibilidades de éxito serán mucho mayores que si no apostamos.

Y además, a pesar de que nos supondrá sudor y lágrimas, nos divertiremos y lo celebraremos como corresponde siempre que se gana una apuesta.

Escrito por María Astigarraga. 

Medios