¡Vuelve pronto, Pep! Us estimem molt

La noticia de la no continuidad de Pep Guardiola en el banquillo del Barcelona ha tenido un impacto mediático que excede los límites del mundo del futbol. La trascendencia alcanzada por su figura y su comportamiento han acercado a muchos no aficionados al mundo descarnado del balompié.

Creo que los directivos deberíamos detenernos a analizar el éxito alcanzado en los cuatro años que ha dirigido al Barcelona (conquistó para su equipo de manera consecutiva los seis títulos a los que podían aspirar) para ver si encontramos elementos transferibles a nuestras organizaciones. El aprendizaje de experiencias ajenas es uno de los mejores mecanismos de avance.

Para mí lo esencial de Pep ha sido, partiendo de una sapiencia futbolística inmensa, ser fiel a los principios y valores de la organización que representa y, a la vinculación de ésta con su entorno. Hasta el momento de la despedida, jamás sucumbió a la tentación de ponerse por delante de la entidad en la que trabajaba. Dejó todo el protagonismo y los éxitos en manos de los jugadores que le respondieron de forma unánime.

Nos dejó un vivo ejemplo de coherencia estratégica, ‘empoderamiento’ de los jugadores, aprovechamiento de las capacidades de su equipo, respeto profundo por los competidores, una propuesta de valor diferenciada y altamente atractiva para el segmento de los amantes del buen futbol y no del resultado per se, favorecedor del trabajo en equipo y, sobre todo, pasión y entrega a ultranza.

Algunos podrán argumentar que ese equipo lo dirige cualquiera. Yo creo que no es así. Inculcar los valores descritos y esta forma de actuar a un colectivo de estrellas es más difícil que hacerlo en otras condiciones. Espero que su ejemplo traiga como consecuencia la búsqueda de proyectos propios al resto de equipos de la liga, que potencien las capacidades de cada uno de ellos.

En el campo empresarial debemos hacer nuestro uno de los rasgos esenciales del trabajo de Pep. El directivo está al servicio de la organización que representa y su obligación es generar un espacio para el desarrollo armónico de su colectividad y su relación con el entorno. Y a ti Pep, como cantaba Lluis Llach en tu homenaje de despedida: Que tinguem sort (Que tengamos suerte).

Sabin Azua

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