Soñar y experimentar nos da fuerza vital

¿Cuántas veces, desde nuestra primera infancia, hemos oído la frase “Pon los pies en el suelo” utilizándola como sinónimo de una buena praxis? ¿Cuantas veces nos han espetado “Déjate de soñar y ponte a trabajar” a lo largo de nuestra carrera profesional? y, ¿Cuántas veces reprimimos nuestra curiosidad por temor a pasar por incautos y poco profesionales?

En los momentos que vivimos parece que no queda hueco para la heterodoxia, tenemos que seguir renglones pautados por burócratas desconocidos (los mismos que nos animaban a políticas que hoy castigan), hay que afanarse en el trabajo diario y corto placista, no hay lugar para las utopías ni para la divergencia (lo de Islandia debe ser irreal, ya que siguiendo las pautas contrarias a estas propuestas, sale reforzado de la crisis) dejando un escaso margen para intentar seguir nuestro propio camino.

Esto mismo lo podemos aplicar al campo empresarial. Yo entiendo que si estamos constantemente apelando al espíritu emprendedor, a la internacionalización y a la innovación, será porque somos conscientes de que la curiosidad, la experimentación, la transgresión del orden establecido, la ruptura de las prácticas tradicionales, la asunción de riesgos, la integración de posiciones divergentes, el diálogo abierto y sincero para generar nuevas soluciones, etc., se convierten en mecanismos de avance para nuestras organizaciones y la sociedad.

Tenemos que insertar en nuestro mundo lo que C.K. Prahalad llamó “el Sueño Estratégico” que dé sentido de futuro a nuestras organizaciones. Solamente generando una causa, un movimiento, podemos movilizar la inteligencia, la curiosidad, la creatividad y el compromiso de las personas de la empresa. La fuerza competitiva de una organización necesita de un potente motor movilizador: un sueño colectivo que ayude a direccionar los esfuerzos, los recursos, las voluntades y, sobre todo, las emociones de la Comunidad.

A partir de ese sueño tenemos que ser capaces de generar nuevas dinámicas en las organizaciones: la prospectiva y la curiosidad intelectual deben estar siempre presentes, el diálogo estratégico ser permanente, la capacidad de las personas y de los grupos de experimentar propiciada, la sinceridad y la generosidad valores intrínsecos a la relación, etc.

Espero que estas dinámicas florezcan en nuestras organizaciones. De todas formas, no pierdo mucho en este envite: soñar es gratis.

Sabin Azua

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