La falta de ideología condiciona el futuro de la empresa

Me rebelo contra el muy extendido comentario – agudizado por los efectos de la crisis y algunos desmadres sociales – que pretende transmitir  que las empresas deben ser entes carentes de ideología, gestionándose siempre con criterios puramente técnicos.  La asimilación de la naturaleza de la ideología empresarial con un pensamiento único de carácter universal es una auténtica barbaridad y un sin sentido. No existe ninguna organización o comunidad de personas que no se vincule con una ideología o pensamiento básico sobre el que se defina su modelo de desarrollo futuro.

Desde mi punto de vista todas las empresas, sea de manera explícita o implícita, poseen una ideología que preside su proceso de definición del proyecto de futuro, los mecanismos de toma de decisiones y su praxis diaria, tanto en lo que hace referencia a su gestión interna, como en las relaciones con los agentes vinculados – tanto de naturaleza interna como externa -. Algunos consideran esto un problema a resolver, para mí es lo que las hace vivas, humanas y transformadoras.

Siempre he desconfiado de las personas y de las organizaciones que se declaran “apolíticas o desideologizadas”, dado que pueden esconder comportamientos poco abiertos o solidarios. Desconfiad de los gestores que se refugian en el sentido estrictamente técnico para justificar sus actuaciones (como decía Mandela: “la apelación a la falta de ideología es la antesala de la opresión”). Toda organización tiene una identidad que la hace única y diferente de cualquier otro colectivo. Ese código genético, sentido de cooperación, proyecto compartido, valores intrínsecos, sentido de Comunidad, etc., es lo que otorga la especificidad al proyecto empresarial.

Conceptos tales como la identidad de la organización (cimentada sobre los acontecimientos que le ha correspondido vivir, una interpretación del presente en función de sus accionistas, sus trabajadores, sus clientes, sus productos, su filosofía, su inserción en la sociedad en la que realiza su actividad, etc. y, sobre todo, la vertebración al futuro de su proyecto), el código genético, los principios orientadores de su estrategia, los valores propios, el papel que desempeñan las personas en la organización, el modelo de responsabilidad social que utiliza, etc.; conforman un marco ideológico en el que se articulan todos los ejes de gestión de la empresa.

Hoy que asistimos a una crisis profusamente extendida en el entorno empresarial, donde con carácter general se apela a criterios de naturaleza exclusivamente financiera para salir de ella, me gustaría hacer un llamamiento a las empresas y gobiernos para recuperar la esencia de la ideología como elemento relevante en el proceso de conducción de las organizaciones.

Hoy más que nunca, los proyectos empresariales deben tener una visión holística de su actuación, incorporando mecanismos que faciliten su desarrollo continuado rentable en un ecosistema de compromiso con la sociedad y las personas. Generemos modelos de referencia para las nuevas generaciones, comprometamos la empresa con la Comunidad para generar bienestar, empleo y sostenibilidad de los proyectos empresariales.

Recordemos a León Felipe que destacaba que “Un hombre sin una visión propia de la vida es un títere de los elementos”. Las empresas deben buscar en su identidad, en su esencia comunitaria, un marco compartido para el desarrollo del proyecto empresarial de futuro, un código de conducta que las haga diferenciales frente a los competidores. Para cada una de las  empresas debería existir solo un camino: el que sus hombres y mujeres quieran compartir libremente.

* Publicado en El Economista, 18/02/2013

Sabin Azua

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