¿Cómo valorar el impacto positivo de una empresa a lo largo del tiempo?

Sin duda alguna, el museo Guggenheim ha sido uno de los proyectos con mayor nivel de contestación social y política de nuestra historia reciente en sus inicios. Un entorno socioeconómico y político complejo, una sociedad gris y fabril donde pocos veían el arte contemporáneo como un revulsivo económico, y la importante inversión requerida (120 millones de euros de los años 90), generaron un sentimiento colectivo en contra de una obra “faraónica”. Hoy, convertido en icono de la arquitectura y símbolo de la transformación urbana de Bilbao, nadie duda del impacto económico positivo que ha generado a lo largo de sus 15 años de actividad, en términos de turismo, hostelería, restauración, transporte, negocios relacionados, etc., como fuentes de generación de riqueza y empleo para la región. En 2012, dicho impacto se estimó en 295 millones de PIB y cerca de 6.000 empleos directos e indirectos, sin tener en consideración el apoyo a la inserción mundial de Bilbao y Euskadi en el mundo.

Utilizando la misma lógica, debemos acostumbrarnos a medir el impacto de nuestras empresas en su ámbito territorial de influencia. Su actividad a lo largo de décadas genera los mismos efectos positivos, no sólo por la inversión y el empleo directo que supone, sino también por el efecto tractor para otras empresas y personas de la zona.

En ambos casos recurrimos al cálculo del Impacto Económico. Una herramienta que aporta un alto valor a los responsables de instituciones y empresas, ya que permite cuantificar de manera clara, objetiva y comparable el retorno de una inversión o actividad medido en términos de PIB, empleo y recaudación impositiva. La estimación del impacto, a partir de la metodología de Leontief, cobra relevancia en proyectos con gran peso y repercusión pública, en los que resulta crítico visualizar los efectos económicos positivos.

No hay duda de que el cálculo de la riqueza generada supone un valor en sí mismo y así se ha recogido en diversos estudios realizados por empresas e instituciones de nuestro entorno. Pero en lo que muchos de ellos fallan, y supone el segundo gran valor del modelo, es en el cálculo riguroso de los flujos generados por la actividad en cuestión y que trascienden el monto de la inversión. En nuestra experiencia de más de 15 años en numerosos proyectos en diferentes sectores y actividades, consideramos crítico el esfuerzo inicial para comprender los flujos económicos y determinar la forma óptima de medirlos, aplicando importantes dosis de prudencia y rigor. Solo así conseguiremos precisar el incremento de demanda que supone una nueva infraestructura, un evento o la actividad sostenida de una empresa, el efecto tractor provocado sobre sectores de actividad relacionados y las potenciales medidas que ayuden a prolongar dichos efectos a futuro.

Asimismo, entendemos que resulta enriquecedor acompañar la medición del impacto económico con una valoración de los impactos sociales y medioambientales de una empresa o actividad concreta: contribución al desarrollo tecnológico y de infraestructuras, sostenibilidad ambiental, cohesión social, mejora de la balanza comercial y energética, etc.

En definitiva, el desarrollo de un modelo de estimación del impacto económico de empresas y de otras actividades se está consolidando como una manera innovadora, objetiva y veraz de comparar diversos proyectos e iniciativas de inversión en función del retorno que suponen para su región, una labor fundamental ante la restricción de fondos públicos y la demanda de mayor transparencia que exige la sociedad en un periodo dominado por la crisis económica y por la creciente demanda de responsabilidad social corporativa para las empresas.

Escrito por Iñaki Pertusa.

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