Leed a Nelson Mandela no a Sun Tzu

Según una serie de encuestas realizadas a directivos de empresas de varios países su libro más leído como consulta de gestión (algunos dicen que es el de cabecera) es “Sun Tzu: el Arte de la Guerra”. No es de extrañar. Desde que se popularizó la “quiosquización” del management, los libros de gestión se venden en los aeropuertos al lado de los de autoayuda, las revistas del corazón y los sudokus. Las prisas y el movimiento de los directivos han ocasionado unas lecturas no muy sofisticadas.

Sun Tzu es un libro escrito por un guerrero chino que habla de estrategias militares para derrotar al enemigo. No dudo que alguno de sus pasajes pueda dar lugar a reflexiones en el mundo de la empresa, pero no confundamos, la estrategia empresarial y la competitividad no se construyen desde la confrontación, aunque tengamos que ganarnos nuestro sitio en el mercado.

Yo recomendaría a los directivos buscar ejemplos en otros pensadores. Son muchas las personalidades del mundo de la política, las artes, la filosofía o el deporte que pueden aportar elementos de reflexión para la gestión empresarial. Hoy me gustaría recurrir a Nelson Mandela como una fuente de inspiración. Puestos a elegir, yo me quedo con un líder que pregona “Amar es el camino, tanto al enemigo como al amigo”, frente al que apela a la confrontación.

Mandela nos invitaba, desde su celda de Robben Island a soñar en la construcción de un futuro mejor bajo la premisa “Todo parece imposible hasta que se hace”. Gran principio que muchas veces no forma parte de las prácticas de gestión. La exploración sistemática del azar, la búsqueda de imposibles, de nuevos caminos, es una tarea esencial de la gestión estratégica de las organizaciones.

La búsqueda de los proyectos sostenibles de futuro, la necesidad de trascendencia de las organizaciones, la auto imposición de nuevos y constantes retos se visualiza claramente en su apelación a generar una dinámica de promover nuevos desafíos y nuevos retos constantemente, “después de escalar una gran colina, lo que descubrimos es que hay muchas colinas nuevas por escalar”.

La condición de humanista de Mandela le hace reflexionar permanentemente sobre el papel de la persona en las organizaciones. Creo que muchos de los que tenemos que dirigir empresas debemos tener presente siempre dos de sus afirmaciones: “no es valiente el que no tiene miedo, sino el que sabe conquistarlo” y, “una buena cabeza y un buen corazón son una combinación formidable”. Necesitamos directivos humanos, con reconocimiento de sus propias debilidades, pero con capacidad de vencerlas para ponerse al servicio de sus organizaciones.

En medio de esta crisis que nos toca vivir me gustaría concluir con dos de las reflexiones que nos aporta en otras contribuciones. Hoy buscamos remedios cuando la situación nos ha demostrado que no habíamos realizado previamente algunas de nuestras tareas pendientes al amparo del boom de crecimiento, “cuando el agua ha empezado a hervir, apagar el fuego no sirve de nada”. Mandela apela al sentido de anticipación y de preparación del futuro, frente a las políticas cortoplacistas desarrolladas por muchos equipos directivos.

* Publicado en El Economista, 09/04/2013

Sabin Azua

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