Las tecnologías de escala humana como fuente de empleo

Podemos agrupar las innovaciones tecnológicas en dos categorías: ‘tecnologías centralizadas’ y ‘tecnologías distribuidas’. Las primeras se refieren a los grandes adelantos científico-técnicos que consumen ingentes inversiones de grandes empresas y gobiernos, que inicialmente aportan ventajas técnicas pero no de coste, que sólo pueden ser utilizadas por expertos, y que van transformando un sector de actividad al ritmo que marcan los competidores establecidos, quienes se reservan su uso durante años (vía patentes o grandes costes de inversión).

Ahí están el avión, los equipos de resonancia magnética, la energía termosolar o las supercomputadoras. El segundo grupo está formado por saltos tecnológicos más modestos (en general basados en las grandes innovaciones del primer grupo), que destacan por su facilidad de uso y bajo coste, y que transforman un sector al ritmo que marcan los consumidores o usuarios. Pensemos en la bicicleta, la telemedicina, los dispositivos domésticos de gestión de la energía o los smartphones.

Al preguntarnos qué tecnologías van a triunfar en el futuro y cómo actuar adecuadamente (como territorio o como empresa), podemos asumir que ambos tipos de innovaciones van a seguir conviviendo. Respecto a las primeras, la respuesta de nuestros gobiernos son los planes de ciencia y tecnología, que pretenden empujar a los agentes de conocimiento y a las empresas a participar en los grandes cambios tecnológicos del mundo.

Sin entrar a valorar los resultados de estas políticas, uno se pregunta qué pasa con el segundo tipo de innovaciones, aquellas en las que el valor se encuentra en entender al usuario y saber aplicar las tecnologías existentes para facilitarle la vida. Considerando la realidad de nuestro tejido empresarial, estas tecnologías tienen varias ventajas: exigen inversiones menores; necesitan buenos tecnólogos, más que grandes científicos; y permiten aprovechar el potencial del usuario como fuente de innovación.

En el mundo de la industria manufacturera, por ejemplo, estamos asistiendo a un desarrollo muy interesante de las tecnologías distribuidas. Me refiero a las impresoras 3D, para la fabricación de prototipos y componentes, y al robot Baxter, para la automatización de procesos, artilugios que no alcanzan la productividad de las tecnologías dominantes, pero que ofrecen claras ventajas de coste y simplicidad.

Estamos hablando de herramientas al servicio de personas cada vez ‘más normales’ (primero operarios capacitados, pero más adelante jóvenes emprendedores, jubilados con espíritu de inventor, diseñadores inquietos o alumnos de una escuela técnica), abiertas a los fines que ellos se imaginen y deseen. En este aspecto es donde a mi entender cobran especial relevancia estas tecnologías.

¿Podemos encontrar en esta dimensión de la tecnología una fuente de innovación y crecimiento? ¿Estamos al tanto de lo que está sucediendo en el mundo en torno a ellas? ¿Estamos generando un espacio para analizarlas y debatirlas? ¿Estamos abriendo los canales de comunicación con usuarios y consumidores para imaginar cómo van a utilizarlas? No pensemos necesariamente en el núcleo de estas tecnologías (que posiblemente quede ya lejos de nuestras capacidades), sino en cómo transformar nuestros negocios aplicando estas tecnologías y cómo posicionarnos en el ecosistema que se genera a su alrededor.

* Publicado en Estrategia Empresarial 20/05/13

Igor Revilla

Leer curriculum en este enlace

Read Igor´s CV here

Medios