¿De verdad pensamos que tenemos que adorar a Maradona?

La sociedad y las organizaciones se ven continuamente expuestas a reaccionar frente a acontecimientos y realidades cambiantes. La capacidad de adaptación a estas situaciones determina, en gran parte, la cultura y la identidad de cada una de ellas como elemento diferencial.

Estos días nos hemos encontrado con la noticia de la desaparición de Diego Armando Maradona tras una vida tremendamente exitosa en lo profesional, pero poco recomendable en lo personal. La gran hipocresía de nuestra sociedad se plasma totalmente en las reacciones frente a este hecho. Es reverenciado como si fuese un dios (“no diga Dios, diga Diego”, como rezaba una pancarta en el exterior del aeropuerto de Ezeiza desde hace años), debido a su enorme exuberancia futbolística, ya que es innegable que el talento le salía por los pies.

No hay pancartas que recuerden, sin embargo, su posición sobre causas más relevantes de la sociedad como la lucha contra la violencia de género, la perniciosa influencia de las drogas, etc., esas que en paralelo reivindicamos cuando se trata de cualquier persona anónima, intentando erradicarlas de nuestra sociedad. Una doble mirada sobre un mismo mundo: el racismo, muchísimo más extendido en la sociedad de lo que queremos reconocer, no nos impide aceptar a los diferentes cuando son triunfadores o económicamente acomodados, pero los estigmatizamos cuando buscan tener igualdad de oportunidades en la sociedad.

Con la muerte de Maradona aún reciente pensé en escribir un artículo centrado en los diferentes tipos de liderazgo que se dan en los campos de futbol para ilustrar las características de los líderes empresariales y sociales, pero desistí. No quiero contribuir a seguir pensando que el Diego es un ejemplo para la sociedad. Lo siento por la cantidad de amigos argentinos que lo veneran como a un Dios, pero no me gustaría transmitir el mensaje de su encarnación como modelo a seguir. Lo siento querido Pep Guardiola, pero no concuerdo con tu frase tras su muerte “no importa lo que hiciste con tu vida, pero si lo que hiciste con las nuestras”.

En medio de una situación caótica a nivel mundial generada por la pandemia que nos toca vivir, no podemos olvidar de la necesidad de articular mecanismos solidarios, comprometidos y ejemplares para movilizar a la sociedad hacia un mundo mejor. Creo que debemos revisar nuestras atribuciones al concepto de liderazgo y ejercerlo con vocación de servicio a la comunidad.

Cómo he utilizado al Diego como reclamo a la lectura de este escrito, (lo siento Diego, pero la mano de Dios no es un acto sublime de picardía, siempre será un engaño) seguiré con algún ejemplo de liderazgo en el ámbito del fútbol que pueda trasladarse al ámbito empresarial y social. No puedo dejar de iniciar este viaje con una referencia emocionada a Luis Regueiro, capitán la selección vasca que el Gobierno Vasco articuló para recaudar fondos para la defensa de las libertades en tiempos de la Guerra Civil iniciada en el 36.

Tuve la enorme suerte de convivir con él (y con una parte importante de los integrantes de aquella selección que recalaron exiliados en México) y comprobar 40 años después que seguía siendo el Capitán, con mayúsculas para todos sus compañeros- El suyo era un liderazgo rotundo, ganado a base de ejemplaridad y vocación de servicio. Luis seguía marcando la agenda de sus compañeros sin estridencias, ni autoritarismos, sino por convicción.

En el liderazgo de Luis Regueiro se encuentran comprendidas muchas de las cualidades que debemos exigir a un líder: sentido de dirección y de compromiso (manifestado en su decisión de contribuir a defender la legalidad republicana y exponer su propia libertad individual), ejemplaridad centrada en una entrega apasionada a su profesión y con un comportamiento pleno de valores (una anécdota que lo certifica: su hijo Luis, que también fue un gran jugador en México, fue expulsado y en un momento de frustración escupió a un linier, lo que le supuso el castigo de un año fuera de los terrenos de juego. Luis padre decidió no hablar con él durante largos meses para obligarlo a reflexionar sobre su comportamiento y ejemplo), exigencia consigo mismo para mejorar permanente sus capacidades, etc.

Una característica esencial de los líderes es la capacidad de hacer mejores a las personas de la organización. Potenciar el talento es una de las claves del éxito de cualquier equipo. No he visto a ningún entrenador de fútbol hacer esto como al Loco Marcelo Bielsa. Los equipos que dirige, desde un liderazgo comprometido y transformador, tienden a hacer mejores a sus jugadores. Este es el gran reto de la gestión empresarial: diseñar mecanismos de educación y aprendizaje que potencien las capacidades de sus miembros. Ya lo dijo Martin Luther King: “el papel de los líderes no es otro que educar, educar y educar”.

Dentro del mundo del futbol para mí es un gran ejemplo, un jugador no tan reconocido globalmente como fue Gérson Oliveira Nunes, el genial mediocampista del scratch brasileño que ganó el Mundial 70, la que fue para muchos la mejor selección de la historia. En un colectivo plagado de estrellas y con la presencia de “O Rei Pelé”, su trabajo para conducir al equipo era espectacular: orquestaba las capacidades de sus compañeros, las potenciaba, asumía el compromiso colectivo con una humildad y una voluntad de servicio incomparables. No era un divo, era más bien un impulsor de comportamientos y potenciador de virtudes. Muchos de sus compañeros han dicho en numerosas ocasiones qué sin él a los mandos de la escuadra en el terreno de juego, el scratch hubiese sido un muestrario de egos e individualidades irreconciliables.

Los retos que tenemos por delante, en la sociedad y en las empresas son descomunales. Hoy más que nunca, debemos procurar liderar estos proyectos con una serie de valores y comportamientos. ¿Se podría orquestar un liderazgo con combinaciones de elementos singulares como la pasión desplegada por Maradona en relación con el futbol, la ejemplaridad de Luis Regueiro, la potenciación de las capacidades colectivas de Bielsa, el compromiso solidario de Sadio Mané que da gran parte de su salario para ayudar a sus conciudadanos necesitados de Senegal, la humildad de Gérson, el sentido de dirección de la Islandia que generó todo un proyecto de transformación social en torno al fútbol?

No existen superhombres o supermujeres que cumplan todas estas características, pero el papel de los líderes es incorporar, desde sus capacidades, mecanismos que las hagan posibles. Lo siento Diego, tú no encarnas este modelo.

Artículo publicado en la Revista País Vasco de El Economista.  

Sabin Azua

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