COVID-19. Viviendo una experiencia vital y social única: aprendizajes para el futuro

La realidad supera la ficción. En ningún guion de cine se hubiese perfilado con tanta crudeza, casi sadismo, una pandemia global de las dimensiones de la que vivimos como consecuencia del COVID-19. Si estuviésemos asistiendo a la proyección en un cine (recordad que todavía existen) pensaríamos que al guionista le traicionó el subconsciente, lo que ha llevado la trama a la exageración.

Desgraciadamente esta pandemia se ha metido en nuestras vidas con una profunda virulencia que nos ha hecho vivir una experiencia inédita y tremendamente traumática. Comenzando por supuesto por la enorme pérdida de vidas humanas, que fatídicamente se concentra en nuestros mayores, y continuada por el sufrimiento personal de tantas personas afectadas por el virus, el colapso de los sistemas sanitarios por la concentración de necesidades de recursos, la perdida de la relación humana en toda su extensión, el confinamiento social, etc.

Tenemos que ser conscientes, los que vivimos en Occidente, que estás situaciones, aun cuando no son provocadas por virus o alarmas sanitarias, se dan todos los días con un grado de intensidad parecido en amplias zonas del mundo. Estábamos acostumbrados a ver las crisis humanitarias en las pantallas de los televisores, pero la pandemia nos las ha traído a casa, en el sentido más literal. Es en este marco en el que se ha despertado masivamente nuestra solidaridad, cuando habitualmente las contemplamos con lejanía y distanciamiento.

Esperemos que este golpe directo con la realidad nos haga reflexionar y cuestionar algunos de los invariantes de nuestras vidas. Confiemos en que de esta experiencia salga reforzada nuestra idea de Comunidad, nuestro compromiso solidario con quien más lo necesita y la prevalencia de los valores del “ser” frente al “tener”. En mi opinión, habíamos hecho de la inmediatez, de un mal entendido concepto de éxito, o de nuestra pasión consumista, por citar algunos, los ejes centrales de nuestra vida. Confiemos en que este mazazo remueva nuestras conciencias y nos haga plantearnos las prioridades existenciales.

El trabajo que tenemos por delante es ingente. De la pandemia sanitaria pasaremos a la pandemia económica y social. Los primeros meses, quizá años, van a incidir negativamente en nuestro estado del bienestar. Las necesidades sociales surgidas de este “parón de la vida” van a ser muy importantes: incremento notable del desempleo, pérdida relevante de la actividad económica, incremento de personas en riesgo de exclusión, etc.; y todo ello en un escenario de merma de los ingresos públicos que se derivan de la recaudación por la caída de la actividad económica.

Tenemos ante nuestros ojos un enorme desafío. La situación nos ha retado y nos retará a todos y todas, individual y colectivamente, a aportar lo mejor de nuestro conocimiento, responsabilidad y actitud, para revertir la situación.

Se ha hablado mucho durante este tiempo del enorme esfuerzo, compromiso y dedicación de quienes han estado en primera línea de actuación frente al COVID-19, a quienes jamás podremos agradecerles suficientemente el trabajo realizado, y ahora nos toca a cada uno de nosotros, sin excepción, convertirnos en esos agentes en primera línea de acción para seguir construyendo una sociedad cada vez más justa y solidaria, desde nuestros respectivos ámbitos de actuación específicos y, de acuerdo con nuestras potencialidades.

En estas últimas semanas, desde la soledad compartida del confinamiento, con la proliferación de las conversaciones con amigos y allegados realizadas a través de las video llamadas, hemos tenido tiempo para reflexionar sobre nuestras prioridades en la vida, nuestro papel en nuestro entorno más inmediato y en la sociedad y, generar una posición de compromiso frente a la Comunidad en la que vivimos. Confiemos en que estas reflexiones se conviertan en acciones positivas para reforzar nuestra sociedad en pos de un mundo más humano, solidario y con crecientes niveles de cohesión social.

Este escrito contiene algunas reflexiones personales que tratan de incorporar, desde mi humilde punto de vista, unos aprendizajes de la pandemia que cuestionan individual y colectivamente, la naturaleza de nuestra sociedad, las políticas públicas y, las empresas. Me gustaría compartirlas contigo.

Sociedad.

Es evidente que la pandemia ha venido a cuestionar y retar nuestro modo de vida. Ha sido una prueba a nuestra capacidad de vivir y adaptarnos a un hábitat nuevo, cambiar la esencia de nuestros mecanismos de relación, impelernos a buscar nuevos mecanismos para abordar el proceso educativo, el trabajo, etc. Como todas las situaciones críticas, además de la profunda consternación por la pérdida de vidas humanas, ha sacado lo mejor y lo peor de los seres humanos.

Entiendo que la sociedad tiene una enorme oportunidad de cuestionarse algunos de sus mecanismos de funcionamiento, para generar un mundo más humano y comprometido con los problemas sociales. Quiero ser optimista, asumiendo que tal vez peque de ingenuo, y pensar que la sociedad que evolucione después de esta crisis será una sociedad mejor, más solidaria, más auténticamente humana y comprometida con los ejes del desarrollo humano sostenible.

1.- Todos los seres humanos somos iguales. Creo que la mayor enseñanza de la pandemia se da en hacernos patente que todos los seres humanos somos iguales, sin distinciones de sexo, raza, religión, o condiciones socio-económicas. Este reconocimiento, nos debe permitir generar mecanismos para avanzar hacia una sociedad más justa y solidaria. Mi duda estriba en si seremos capaces de actuar conforme a este principio al volver a la realidad cotidiana.

2.- La prevalencia del ser frente al tener. Nos enseña, con crudeza, las prioridades existenciales, cuestionando la sociedad materialista y de consumo en que vivimos, para centrarnos en la importancia del ser. Me causó profunda impresión el tuit de la hija del presidente del Banco Santander en Portugal, fallecido como consecuencia del Corona virus: ““somos una familia millonaria, pero mi papá murió solo y sofocado, buscando algo tan simple como el aire. El dinero se quedó en casa”. Nos hace centrarnos en lo relevante en la vida y dar menos valor a muchos de los símbolos del éxito social.

3.- El valor de la cooperación y de la solidaridad. Ha quedado patente que son los puntales sobre los que se construye la sociedad son básicos para favorecer la igualdad. Sin la cooperación de la ciudadanía, el trabajo compartido de los actores principales de la lucha contra la pandemia, y la solidaridad con quienes más lo necesitan, el drama humano hubiese sido todavía mayor. Necesitamos hacer presentes, de forma constante, estos valores en nuestra vida diaria para dotarnos de una sociedad más cohesionada y cooperadora.

4.- La importancia de la salud y lo “corto” de nuestra existencia. Nos ha mostrado que necesitamos controlar el ego desmedido, que somos efímeros y todo puede desaparecer en un segundo. La constatación de este hecho de forma colectiva condicionará nuestra vida futura, acercándonos a la realidad de la fragilidad de nuestra existencia y a la necesidad de centrarnos en lo relevante, mejorar nuestros hábitos de vida y apurar toda la esencia de nuestro paso por la tierra.

5.- La importancia de la familia y los entornos más próximos, la corresponsabilización en el cuidado de los más desprotegidos. La pandemia nos ha acercado a lo próximo, ha puesto a prueba la importancia de la convivencia con nuestras familias, vecindario y allegados, y ha hecho posible que profundicemos en esos vínculos. El chiste que ha circulado por las redes sociales “he estado hablando con mi pareja y me he dado cuenta que tiene una conversación muy interesante”, refleja la poca importancia que, a veces damos, a los pequeños detalles de la convivencia, clave de las relaciones humanas.

6.- La importancia de muchos roles y trabajos que han estado desconsiderados, la persona por encima del título o el cargo o la posición social. Creo que nos hemos dado cuenta de la importancia de muchas capas ocultas de la población, sin reconocimiento social, que son determinantes en la vida de nuestra sociedad. La búsqueda de mecanismos de reconocimiento, de adecuados repartos de rentas, de valoración social de todos los trabajos y, la consideración de la importancia de la persona en el trabajo, deberán desarrollarse más y mejor en la sociedad post COVID-19.

7.- La importancia de la interconexión en todos los ámbitos de la vida. La pandemia nos ha hecho más conscientes de la profunda conectividad internacional de nuestras vidas, no hay escapatoria, el mundo se ha hecho pequeño e interconectado. Tenemos que ser capaces de incorporar con mayor intensidad esta realidad a nuestras vidas. Es una enorme oportunidad de mirar con otros ojos a las regiones del mundo más desfavorecidos, al tener una mayor consciencia de los calvarios en los que viven, y contribuir a su desarrollo en condiciones de vida más humanas.

8.- La necesidad de promover la Comunidad como espacio de desarrollo humano sostenible. Para quienes abogamos por un espíritu comunitario como base del desarrollo social, esta crisis sanitaria y sus repercusiones humanas, sociales y económicas: es la constatación de que solo seremos capaces de construir una sociedad una la valga la pena vivir si actuamos desde la responsabilidad individual, el compromiso compartido, la búsqueda del bien común sobre el individual, la adecuada asignación de recursos, la solidaridad y el apoyo a los más desfavorecidos. No desaprovechemos la oportunidad de fortalecer la Comunidad como base de una sociedad con el menor nivel de desigualdades en todos los ámbitos, con la aportación de todos y cada uno de los individuos y colectivos sociales.

Empresa.

1.- La empresa como generadora de riqueza. Es evidente que la crisis sanitaria está atacando ferozmente el tejido empresarial que verá muy mermada su capacidad de generar riqueza y empleo durante un tiempo prolongado. Mientras se ha desatado la pandemia, con el intenso debate economía-salud, se ha producido un rebrote de las sensibilidades contrarias al papel determinante de la empresa en la sociedad para generar bienestar social. El profundo deterioro que sufre y sufrirá el empleo en los próximos tiempos acentuará este proceso.

Sin embargo, debemos considerar que tenemos, con mayor intensidad que nunca, que poner a la empresa en el centro de la dinámica de cohesión social de nuestro país. Es tiempo de apostar por la mejora competitiva de nuestras organizaciones, favorecer la incorporación de valor a la empresa, incidir en los retos y exigencias de las necesidades sociales emergentes, aprovechar ventanas de oportunidad que se abrirán como consecuencia de la reorganización internacional del trabajo, etc.

2.- Comunidad de Personas, personas competentes y comprometidas. La competitividad de las empresas está intrínsecamente ligada a la generación de un proyecto compartido entre los miembros de la organización. La constante apelación a la solidaridad, a la cooperación, al diálogo, o al reconocimiento de trabajos poco valorados socialmente, que hemos vivido durante la crisis sanitaria, debería permanecer en todos los ámbitos de la sociedad.

Tenemos que aprovechar el momento para fortalecer la empresa como Comunidad de Personas que favorezca, entre otras facetas, la cooperación, solidaridad, diálogo, contribución al proyecto compartido, adecuado reparto de rentas. Es una pieza clave en el complejo puzzle de las estrategias que nos permitirá sortear los duros momentos que nos tocará vivir en los próximos tiempos, para gestionar el marco de competitividad futuro.

Mi fuerte creencia en la empresa como comunidad de personas y como agente vital para la cohesión social del país me hace pensar con esperanza que la experiencia vivida en la crisis sanitaria y en el confinamiento nos hará avanzar en este sentido. No obstante, una visión más realista me lleva a considerar que, la confrontación ante procesos de esta naturaleza va a ser tónica general en muchas empresas de nuestro entorno.

3.- Liderazgos nuevos, por confianza y no por autoridad. Hemos vivido un cambio profundo en nuestras organizaciones para afrontar el confinamiento, la parálisis de la actividad económica y el liderazgo sobre los equipos. Nos ha dado la oportunidad de avanzar en mecanismos de liderazgo no centrados en la presencia, la autoridad, o el trato personal continuo, y hemos dado pasos hacia nuevas formas de liderar los equipos en la distancia a través de la confianza, la autoritas y la persuasión.

En el futuro, con más gente teletrabajando o en localidades remotas como consecuencia de la internacionalización de las actividades, el liderazgo va a evolucionar en esta dirección: nuevas formas de educar, persuadir, motivar, empoderar y potenciar las capacidades de las personas; al amparo de nuevos mecanismos de comunicación, y con mayor implicación en el impacto social de la actividad de la organización, etc. Necesitamos nuevos liderazgos para los nuevos tiempos.

4.- Nuevos modelos de organizaciones. Es evidente que las organizaciones se verán afectadas por algunos de los aprendizajes de la crisis sanitaria y que estas afecciones pueden ser de signo positivo o negativo. Dependerá de nuestra capacidad de entenderlas y ponerlas en práctica: la explosión del teletrabajo, el achatamiento de las organizaciones, la dificultad de ejercer el control estructurado, la importancia de la conciliación familiar-laboral, van a condicionar el funcionamiento de las organizaciones del futuro.

No creo que suponga un cambio en el rumbo establecido, pero contribuirá a acelerar los mecanismos de organización y gestión de las empresas que se estaban produciendo. Nos ha hecho conscientes de que su implantación beneficiará la gestión empresarial.

5.- Importancia de adaptar productos y servicios a solventar problemas sociales. Creo que una derivada positiva de la situación vivida es que los principios de valor compartido empresa-sociedad adquirirán una singular relevancia de cara al futuro. Más que nunca, vamos a necesitar enfocar el desarrollo de la competitividad empresarial haciendo frente a retos de la sociedad. Esto abrirá nuevos horizontes de pensamiento a las empresas que pueden confluir en nuevas soluciones y modelos de negocio.

La dinámica de generación de valor de la empresa en la sociedad, se manifiesta fundamentalmente a través de la aportación de bienes y servicios, empleo de calidad y su responsabilidad social, pero ahora se verá interpelada por la sociedad para que incida de forma más nítida que nunca, para ayudar a resolver los grandes retos sociales, vinculados con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

6.- Intraemprendimiento en la práctica. Tenemos que acelerar los procesos de generación de nueva actividad económica y una de las claves de desarrollo empresarial será una apuesta decidida para dotarse de la capacidad de emprender internamente, interpelar constantemente las dinámicas de competitividad y generar nuevas actividades o líneas de negocios en las empresas.

Considero que la apuesta por el emprendimiento corporativo (sin menospreciar el emprendimiento individual) sale reforzado de esta crisis. Muchas de nuestras empresas han demostrado una gran habilidad para adecuar sus líneas de actividad y contribuir en la crisis sanitaria a partir de sus competencias o capacidades básicas y cooperando con otros agentes, mediante la utilización de sus capacidades básicas y la cooperación con otros agentes (Goizper utilizando su pulverizadores en la desinfección a fondo de residencias o calles, Maier fabricando mascarillas, Mondragón Assembly y Bexten Medical fabricando mascarillas quirúrgicas, Fagor Electrónica e Ikusi colaborando con otras empresas para producir respiradores,, Graphenea e IMed produciendo hidrogeles a partir del reciclaje de sus laboratorios, etc.).

7.- Refuerzo de las competencias esenciales. Una de las características que pone de manifiesto la capacidad de las empresas de competir y adaptarse a los cambios de comportamiento de las industrias y del entorno socio-económico es el hecho de contar con competencias o capacidades diferenciales. Sobre ellas, entre otras, las organizaciones construyen las siguientes cuestiones: nuevos modelos de negocio, nuevas líneas de soluciones, mecanismos de generación de valor añadido, atractivo para la cooperación con otras empresas o agentes del sistema socio-económico, favorecer el emprendizaje corporativo, talento diferencial, etc.

En el nuevo escenario que nos toca enfrentar, es una tarea fundamental el fortalecer estas competencias esenciales y utilizarlas para generar nuevas estrategias de diferenciación, tanto en los mercados como en otras industrias o servicios que habrá que explorar. De nuevo, las personas son la clave en la capacidad de diferenciación de nuestras empresas. La apuesta por la aportación de valor desde el conocimiento es, con seguridad, la mejor manera de abordar el futuro.

8.- Gestión dual o ambidiestra de las organizaciones. La situación post crisis sanitaria obligará a las empresas a reforzar su capacidad de gestión dual o ambidiestra: explotar el presente y explorar el futuro, van a ser las dos caras de la moneda de la gestión empresarial. Nos enfrentaremos a una vuelta paulatina a la actividad económica que tiene muchos interrogantes y situaciones de emergencia ante los cuales deberá poner el máximo esfuerzo en la supervivencia (para muchos), en la contención de los efectos negativos y en “recobrar” parte de nuestra actividad comercial normal.

La fase inicial de este proceso, que ya estamos viviendo con crudo realismo, es la necesidad de restablecer el empleo adaptándolo a la evolución de los mercados (parados en su inmensa mayoría), el refuerzo de la posición de tesorería y, la continua adecuación de nuestras organizaciones, la producción y la comercialización a los cambios de entorno. Es la etapa de la resistencia y supervivencia como eje de actuación para hacer posible una estrategia de largo plazo.
Porque no debemos olvidar que necesitamos tener ese sentido de dirección de largo plazo para el proyecto empresarial, para explorar nuevas oportunidades que surgirán en el nuevo escenario competitivo y, a partir de ellas comenzar a avanzar en pos de nuevos retos y proyectos empresariales que permitan consolidar el proyecto compartido de nuestra organización.

9.- Impulso importante a la digitalización. La pandemia y el drástico cambio en la forma de trabajar nos ha puesto en claro que el proceso de adaptación de nuestro entorno empresarial a la digitalización está todavía en una fase incipiente. Los retos para las organizaciones han sido más evidentes que nunca: la adecuada utilización del big data para gestionar las organizaciones, la conectividad con los agentes del entorno, el desarrollo de la ciberseguridad, el teletrabajo como gestión de las organizaciones, etc.; han sido un reto para la mayoría de las empresas. Tenemos que acelerar nuestro ritmo de transición hacia el nuevo mundo que nace de este proceso.

Los beneficios de la digitalización han salido fortalecidos de esta pandemia a través de ejemplos como, la utilización de la inteligencia artificial en la predicción de utilización de las UCI´s, el big data para establecer patrones de comportamiento que estructuran las estrategias sanitarias, el uso de sensores para el monitoreo de los desplazamientos sociales, etc. Estas herramientas tecnológicas tienen que incorporarse a nuestros modelos de negocio y a los instrumentos de gestión.

10. Oportunidades de negocio como consecuencia de la ruptura de las cadenas globales. La crisis de la pandemia dará lugar a un replanteamiento de las políticas de muchas empresas sobre su estrategia de futuro en lo que, muy previsiblemente, romperá o generará huecos en las cadenas globales que se han ido construyendo en los últimos años. El reparto de las actividades dentro de esas cadenas, previsiblemente sufrirá mutaciones relevantes.

Nuestras empresas tendrán que monitorizar estos cambios y adaptar sus estrategias a las nuevas oportunidades que se producen en las deconstrucciones de los mercados. Es un mundo de exploración y de agilidad para el posicionamiento de nuestras empresas en el nuevo entorno que surgirá como consecuencia de la pandemia. Nuestra agenda estratégica deberá contemplar este hecho y no considerar que el mundo competitivo va a volver a la situación original preexistente.

11.- Oportunidades derivadas de los stocks de seguridad en cuestiones básicas. Muchos gobiernos han sido conscientes por la brutalidad de la crisis sanitaria de la vulnerabilidad de sus sistemas de gestión cuando no tienes proveedores alternativos cercanos, los ejemplos cercanos más conocidos son las mascarillas, los respiradores, equipos de protección, etc.). Si consideramos que estos hechos pueden repartirse con mayor regularidad por la globalización y la interconectividad a escala mundial, se presenta una oportunidad para que empresas de nuestro entorno, desde la utilización de sus competencias esenciales y en cooperación con otros agentes, puedan emprender líneas de negocio nuevas para posicionarse en esos campos de oportunidad.

La fabricación local de determinados productos y programas de compra pública protegida, como medida de seguridad de suministro interno, van a crear nichos de mercado que permitirán sostener la actividad u generar oportunidades de innovación para las empresas.

12.- La cooperación como elemento clave para la mejora de la competitividad de la empresa. Los tiempos recientes nos han dejado un buen ejemplo de la relevancia de la cooperación para la mejora de la competitividad de las empresas. Hemos visto a muchas empresas reaccionar en este sentido durante la crisis sanitaria: han reflexionado sobre la posibilidad de construir valor sobre las capacidades propias de la organización y, en colaboración con actores de otros sectores de actividad, para generar nuevos productos, soluciones y servicios que impactan positivamente sobre las necesidades sociales.

Como expresa Thomas Piketty en su último libro “Capital y Propiedad”: “tenemos que ser conscientes de que la vieja forma de hacer empresa está condenada al fracaso, los cambios en el entorno competitivo y la presión social sobre la identificación de nuevas formas de generar riqueza obligan a las empresas a generar ecosistemas de trabajo que incorporen visiones de mercado, de vinculación con la sociedad y de sostenibilidad, pero esto es imposible de alcanzar sin la permanente cooperación con todos los agentes del entorno competitivo de la organización”.

13.- Optimismo peligroso sobre una rápida recuperación de la demanda es peligroso. Una consideración final que me gustaría hacer a nuestras empresas, aunque tenemos que mirar el futuro con optimismo y con ambición de mejorar nuestro posicionamiento competitivo, seamos conscientes de que el escenario de futuro es terriblemente comprometido. Creo que la frase: “prepararnos para lo malo y trabajar para lo deseable”, expresa claramente esta necesidad de combinar realismo y optimismo para maniobrar en aguas turbulentas.

Las crisis anteriores nos han demostrado que, pese a lo terrible de la coyuntura hay claves sobre las que trabajar para salir reforzados de los tiempos oscuros: la cooperación, la ambición de fortalecer el proyecto empresarial, la consciencia social de la aportación de valor a la sociedad, el desarrollo de la comunidad de personas de la organización, entre otras. Apelemos a ese espíritu para preservar y desarrollar los proyectos empresariales. La sociedad los necesita hoy más que nunca.

Gestión Pública.

1.- Énfasis en la persona y la Comunidad de las políticas públicas (ODS). La crisis sanitaria y su terrible impacto en vidas humanas, en el modo de vida de nuestra sociedad y en la vulnerabilidad de nuestro bienestar, hace más evidente que la gestión (en colaboración estrecha con todos los agentes y colectivos sociales) debe realizarse situando a la persona y a la comunidad en el eje de todas nuestras políticas públicas.

Es un buen momento para acelerar la configuración de estrategias de actuación que nos permitan adecuarnos y asignar los escasos recursos públicos al desarrollo de algunos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas (o algún esquema de actuación similar), repensar nuestras prioridades para enfocar adecuadamente el esfuerzo público hacia resultados tangibles.

Debemos huir del “maquillaje” de algunas políticas públicas diseñadas en tal sentido, para dar paso a una auténtica vivencia de estos objetivos en todos los ámbitos de diseño de políticas públicas y en la movilización de la sociedad.

2.- El avance en bienestar actual y de las futuras generaciones como instrumento para medir la competitividad y formular el presupuesto de las instituciones públicas. Quienes hace mucho tiempo pedimos una revisión de los indicadores de competitividad y bienestar de los territorios que nos alejen del PIB como criterio único de su medición, salimos de esta crisis sanitaria y socio-económica más convencidos que nunca, de que necesitamos dotarnos de una nueva fórmula.

Me gustaría que nuestro país implementara una aproximación similar al “Living Standards Framework” de Nueva Zelanda, por ejemplo, que evoluciona los indicadores exclusivamente económicos hacia un sistema que mide el bienestar intergeneracional que incluye el estado actual de bienestar de la ciudadanía, el bienestar del país y la capacidad de generar bienestar para las generaciones del futuro. Bajo este esquema se formulan los presupuestos públicos y se evalúa su impacto.
Orientarnos a la mejora sustantiva de las condiciones de calidad de vida de la ciudadanía, actual y futura, y profundizar las estrategias de avance en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, contribuirá al diseño de políticas centradas en las personas que tienen capacidad de dinamizar un proyecto continuo de transformación social que reduzca las desigualdades en todos los ámbitos de la vida.

3.- Liderazgos y trabajo colaborativo. Confío en que esta crisis nos conduzca a la consolidación de nuevos modelos de liderazgo que combinen adecuadamente la movilización de agentes sociales en torno a un trabajo colaborativo para abordar los enormes retos que nuestra sociedad tiene por delante, poniendo énfasis en la generación de esa Comunidad movilizada para conseguir mayores cuotas de bienestar actual y futuro.

Deberíamos, sin menoscabar el imprescindible liderazgo de los responsables públicos, favorecer mayores niveles de diálogo y compromiso colectivo a la hora de definir estrategias y líneas de actuación para implantar los proyectos, o de evaluar los instrumentos y medidas desarrolladas, etc. etc. De la creatividad y solidaridad de los balcones debemos pasar a ejercer este espíritu en nuestro trabajo diario.

Confieso que me gustaría ser optimista en relación con que se vaya a generalizar una tendencia a estimular el diálogo y al liderazgo colaborativo, pero muchísimas actuaciones en nuestro entorno durante la pandemia me hacen ser cauto. La confrontación per se, la crítica sin aportación de soluciones alternativas, y la falta de implicación en algunas cuestiones trascendentales para superar la crisis; me hacen pensar en que superado el efecto de conmoción de la enorme pérdida de vidas humanas y de nuestra forma de vida, volveremos a posiciones numantinas y poco centradas en los problemas sociales con rigor y espíritu comunitario.

4.- Poner en valor lo público. Quienes no somos partidarios del liberalismo como ideología política, saludamos que esta crisis haya reivindicado el papel de lo público como dinamizador y garante de una sociedad más justa y competitiva. Han saltado a primera línea la importancia decisiva con contar con un excelente servicio de salud público, una red de enseñanza potente y con capacidad de adaptación a los cambios de entorno, la existencia o no de una buena gestión de los recursos económicos que mitiga las consecuencias dramáticas de la crisis, unos sistemas de gestión de emergencias e infraestructuras adecuados, etc. Sin que esto signifique una llamada a la nacionalización de toda la vida de un país, “lo público se consolida”.

De cara al futuro debemos reivindicar el valor de lo público, fortalecer los sistemas que generan mayores niveles de igualdad, fortalecer nuestro sistema educativo, sanitario y de prestación de servicios sociales, generar dinámicas que potencien el sistema de generación de riqueza del país. En colaboración con los agentes socio-económicos y políticos del país podemos avanzar hacia un futuro de mayor bienestar.

Esto no quiere decir que abogue por la publificación de toda la actividad del país, pero sí que consideremos que gran parte de la estructuración de una sociedad acia una sociedad de valores, asentada en los principios comunitarios y contribuir, en la medida de nuestras posibilidades, a la reducción de las desigualdades sociales.más cohesionada que de igualdad de oportunidades a la ciudadanía tiene una fuerte ascendencia pública, pero, al igual que está ocurriendo durante la pandemia, la adecuada articulación de la cooperación público-privada resulta tremenda relevante para generar dinámicas competitivas sostenibles en el tiempo.

5.- Repensar el concepto de bienestar. Espero que la terrible situación derivada de la pandemia nos haga conscientes de lo equivocado de muchos aspectos de nuestro concepto de bienestar. Debemos de huir de la inmediatez, del tan absurdo vínculo entre la felicidad y los bienes materiales, de la falta de implicación real en los mecanismos de transformación social. Podemos y debemos ser agentes del cambio h

Colectivamente debemos favorecer un proceso de reflexión sobre el concepto de bienestar. Incorporar al mundo educativo, político, económico, cultural y social en dinámicas de discusión y de transformación social, centrada en las personas y el bienestar colectivo. Poner el bien común por encima del bien individual debe ser una de las cuestiones que debemos tener grabada a sangre y fuego como aprendizaje de la situación vivida y que continuaremos viviendo en los próximos tiempos.

6.- Repensar nuestro modelo educativo cómo base para el desarrollo de una sociedad más justa y solidaria. En la crisis sanitaria se ha visualizado la importancia de la educación como elemento clave para superar colectivamente la pandemia. El esfuerzo por adaptarse a la imprevista situación de los centros de enseñanza, las autoridades educativas, los profesores, los alumnos y las familias ha sido ímprobo. La experimentación, la aceleración de la utilización de las tecnologías digitales, la adecuación del programa educativo a la realidad, han sido claves para salvar el curso escolar.

Pero la crisis nos ha puesto en evidencia que algunos de los elementos que han hecho factible que la sociedad resista firmemente y confinamiento ha estado muy ligado a la realización de actividades consideradas “Marías” en el sistema educativo: las artes, la lectura, la comunicación, etc., han adquirido un protagonismo decisivo en esta crisis.
Creo que la pandemia nos trae una oportunidad de repensar nuestro modelo educativo en un carrera que, sin menospreciar el conocimiento técnico absolutamente imprescindible en nuestra educación, potencie decisivamente algunos de los elementos que he destacado en el apartado Sociedad de este documento, la preminencia del “ser frente a tener”, la cooperación como mecanismo de mejora de la competitividad y la cohesión social, la comunicación, la experimentación de nuevos modelos y formas de aprender, la conectividad, el aprovechamiento de la multiculturalidad, etc.
Creo sinceramente que necesitamos un movimiento social que trabaje por una transformación del sistema educativo: debemos formar a nuestros niños y jóvenes en valores, competencias y conocimientos adaptados a las nuevas realidades, formar profesorado de alto nivel (no puede ser que durante años magisterio haya sido una de las carreras menos reconocidas y con menor exigencia formativa) que tenga una adecuada compensación, generar métodos que fomenten la curiosidad intelectual de los alumnos, el rigor crítico, la capacidad de aprender, el trabajo en equipo, el emprendizaje, la creatividad, la diversidad, la integración competitividad/cohesión social, etc.

7.-Apuesta decisiva por la industria manufacturera como eje de dinamización de los mecanismos de generación de riqueza. En opinión de la mayoría de los expertos que han manifestado su visión de la sociedad post COVID 19 en estos días, existe un denominador común en situar a aquellos países o regiones con una presencia significativa de la industria manufacturera en su actividad económica, en mejor posición de partida para hacer frente a la recuperación económica y social en la que nos hemos sumergido.

Creo que es preciso resaltar que nos otorga una fortaleza para la recuperación (frente a economías muy apalancadas en sector servicios); su impacto en términos de generación de riqueza y empleo de alta calidad; su resiliencia a través de modelos de negocio internacionalizados y acostumbrados a las exigencias y crisis de negocio; su capacidad de adaptación y aprovechamiento de oportunidades y desarrollo de nuevos productos y servicios; las oportunidades derivadas de una previsible tendencia "make and buy local"; el ecosistema de I+D+i y conocimiento a su alrededor que podemos aprovechar para nuevas necesidades; la cultura manufacturera y, sus valores a nivel de sociedad, etc.

8.- Dotar con recursos públicos a lo relevante: generar riqueza y reducir las desigualdades sociales. Hemos vivido, con notable crudeza, la dificultad de contar con todos los recursos posibles para hacer frente a las necesidades derivadas de la pandemia. Desgraciadamente, esto siempre es así, la situación continuará en adelante. Vamos a necesitar ingentes cantidades de recursos -públicos y privados- para pilotar la transición.

Este hecho debería forzar a las administraciones públicas a repensar las prioridades de actuación y la asignación de recursos, con un planteamiento agresivo. Aplicar las teorías del presupuesto base 0, para ver qué es lo que realmente aporta valor al bienestar social (desde la óptica pública) y focalizar allí la asignación de recursos para realizar la gestión más eficaz y eficiente en este entorno de alarmante escasez.

9.- Gestión dual del momento que vivimos: atender la emergencia actual con prioridad en las personas y preparar el futuro. La enorme cantidad de necesidades económicas y sociales que se derivan de esta pandemia sanitaria y socio-económica va a someter a las administraciones públicas a una presión por lo urgente y lo inmediato, y esto puede derivar en una conculcación de los principios de preparar el futuro de su territorio.

Tendremos que gestionar ambidiestramente nuestros recursos. Poner foco en mejorar la situación y atención de las personas en estos momentos de acuciante necesidad movilizando todos los recursos propios, de otras administraciones y del sector privado y también atender aquellas políticas públicas que nos ayuden a configurar las avenidas de riqueza y bienestar del futuro. La gestión dual del presupuesto (fuertemente escorado hacia lo perentorio) será una de las claves del compromiso de nuestra sociedad con el bienestar intergeneracional.

10.- Innovación y experimentación constantes. La exigencia de una administración pública puntera, innovadora y creativa se ha hecho muy patente en la pandemia. Mi opinión es que debemos inculcar en nuestra administración (en muchas ocasiones lo ha hecho así) una dinámica permanente de innovación y experimentación que haga avanzar el diseño de políticas y prácticas públicas para la mejora del bienestar de nuestra sociedad. Necesitamos una gestión pública que anticipe, arriesgue y actúe con permanente espíritu de transformación, en colaboración con agentes público privados de nuestro entorno y del mundo.

La pandemia, que ha puesto en evidencia la necesidad de transformar la forma de trabajar de las empresas, también lo ha hecho en las Administraciones Públicas. Tenemos que reflexionar si la sociedad del futuro puede permitirse continuar con los modelos de organizaciones, normativas y formas de trabajo existentes en nuestra gestión pública cuando el mundo se está transformando completamente. Quizás sea el momento de repensar el sistema que nos ha traído con éxito hasta 2020, pero que seguramente no podrá hacerlo los próximos 40 años.

11.- Relajación temporal de las políticas de estabilidad presupuestaria para generar recursos de apoyo a la salida de la crisis. Soy consciente de la dificultad de extralimitar la capacidad de endeudamiento de las administraciones públicas, pero creo que es momento para flexibilizar estas dinámicas. Nos enfrentamos a una situación sin precedentes que reta nuestro modelo de convivencia y bienestar, y para hacerle frente necesitamos contar con recursos excepcionales.

La Unión Europea, el Fondo Monetario Internacional y otros organismos internacionales se han mostrado más sensibles a este tipo de políticas de flexibilización del déficit público y a la búsqueda de mecanismos de financiación alternativos. Exploremos esta vía con decisión para fortalecer la capacidad del territorio para superar la situación actual y crear el futuro.

12.- ¿Existe una nueva lucha de clases? ¿Los que viven del salario público vs el resto de la sociedad? Estamos asistiendo a una paralización cuasi absoluta de la vida económica del país y a una desescalada que puede tener efectos funestos para la mayoría del sector económico, con un fuerte impacto directo en el empleo privado, un efecto inmediato es la enorme cantidad de ERTE ´s solicitados, la desaparición más que probable de muchos negocios en casi todos los ámbitos de actividad económica, la ralentización de la vida económica y las necesidades de personas en las empresas, etc. Quienes pertenecemos al entorno privado tenemos una gran espada de Damocles sobre nuestras cabezas.

Mientras tanto, las personas vinculadas con la administración, no ven afectadas en la misma medida sus condiciones laborales, tiene seguridad en el empleo, no exento también de posibles recortes y, tienen un a menor preocupación por el futuro. ¿Es justo que carguemos los efectos de la crisis en una parte de la población?
Sé que es un debate peligroso y controvertido, pero que no debemos obviar. muchas veces cuando asistimos a algunas políticas públicas de gestión de personas en las organizaciones, quienes trabajamos en el sector privado no nos sentimos entendidos y reflejados ya que son aplicables en escenarios más estables y sin convulsiones competitivas. Me gustaría que, fríamente, reflexionáramos sobre esta cuestión y obremos en consecuencia.

13.- Promover la participación de la sociedad en la construcción de una Comunidad en el País articulada hacia mejora de la igualdad y el bienestar. La contribución individual y colectiva a la solución de la pandemia ha sido meritoria. No podemos dejar caer en saco roto este activo que deberá contribuir a fortalecer la consciencia de nuestra sociedad sobre la necesidad de trabajar unidos, focalizar las metas y apoyar de forma consciente a quienes lo necesiten, huyendo de egoísmos y beneficios exclusivamente personales.

Creo que debemos aprovechar el “momentum” para movilizar a la sociedad al trabajo compartido y a la creación de una sociedad más justa y solidaria. Tenemos la enorme responsabilidad de canalizar la energía y el corazón hacia ese objetivo compartido, movilizándonos inteligentemente.

14.- Avanzar en acercar los servicios asistenciales a las personas a su hábitat natural, buscando la corresponsabilidad en la prestación. Uno de los elementos básicos en la lucha con la pandemia ha sido la calidad de los sistemas de servicios sociales y no deberíamos perder de vista esta lección para seguir avanzando en esta senda. Entiendo que la situación vivida incita a acelerar las dinámicas de actuación de las instituciones públicas acercando a las personas hacia su hábitat más común, buscando una corresponsabilización con la sociedad en la prestación de estos servicios.

Atender a las necesidades sociales de las personas no es responsabilidad exclusiva de las instituciones públicas, por lo que debemos incrementar los mecanismos que faciliten una acción coordinada del individuo, la familia, el vecindario, las instituciones y la comunidad, en una acción responsable y colaborativa para poder así preservar al máximo el vínculo de la persona con su hábitat natural de vida. Un reto importante será promover la solidaridad colectiva y generar espacios comunitarios de prevención y cuidado de las personas con necesidad de atención.

Considero imprescindible que el principio de subsidiariedad esté en el epicentro del desarrollo de las políticas sociales. Es por ello que las actuaciones en materia de política social deben generar espacios abiertos a la colaboración público-privada, a mejorar la autonomía de las personas, a actuar en los ámbitos específicos de vida de las personas, a través de dinámicas de autodesarrollo y de apoyo a las familias y el vecindario para mantener mecanismos de cohesión social en régimen de igualdad.
En todas las comunidades cobra una fuerza especial el compromiso intergeneracional, generar condiciones sociales favorables para el hoy, sin olvidar a las futuras generaciones. Estos sistemas sociales son conscientes de que todas las políticas de actuación deben conjugar al unísono la gestión del presente y la preparación del futuro. Tenemos que lograr un adecuado balance entre la gestión de las necesidades actuales de atender a los colectivos sociales y la sostenibilidad del sistema en el futuro, conscientes de que los recursos no son infinitos.

15.- Acelerar el proceso de digitalización en nuestra sociedad. La pandemia y el confinamiento nos han sumergido en un nuevo mundo inexplorado que ha puesto de manifiesto la bondad de la apuesta por una creciente digitalización de nuestro entorno. El teletrabajo y la comunicación social por internet nos ha permitido mantener (en parte) nuestra vinculación social y laboral. La utilización del big data, de la inteligencia artificial, la ciberseguridad, etc., en todo el proceso de lucha contra la pandemia ha sido ímprobo.
Una de las políticas públicas más importante en los próximos años estará centrada en fortalecer el proceso de transformación digital de nuestra administración pública, del mundo educativo, de las empresas y de la sociedad en general. No podemos perder el tren de esta tendencia para no ver mermada nuestra capacidad de competir. Debemos centrar esfuerzos en favorecer mecanismos de cohesión social impulsado por esta digitalización, procurando desplegar iniciativas que luchen, al mismo tiempo, contra la brecha digital.
No podemos olvidar que la pandemia nos ha puesto sobre la mesa, con mayor intensidad que antaño, un debate que la sociedad no puede soslayar: los nuevos derechos y obligaciones digitales sobre el que habrá que profundizar, el derecho de acceso a datos o información, la vigilancia sobre el uso ético de los datos, la ciberseguridad, la responsabilidad y los marcos regulatorios, etc.

16.- Mejorar nuestra eficiencia de la política tecnológica: mayor concentración de las apuestas en focos concretos de investigación, retos competitivos y de ODS, contribución práctica. Tenemos que revisar nuestra política tecnológica para fortalecer su capacidad de contribuir de forma práctica a la solución de los retos competitivos y de mejora del cumplimiento de los ODS en nuestra sociedad, focalizando esfuerzos y generando mecanismos de interacción con las empresas, gobiernos y agentes socio-económicos para fortalecer el impacto de nuestra investigación en la competitividad de nuestro país.
Consideraciones finales.

Nos encontramos ya ante un mundo nuevo que ha sufrido una tremenda convulsión como consecuencia de la pandemia sanitaria. Hemos asistido a una transformación de los esquemas vitales de una parte importante del planeta. Nos ha acercado a realidades que sufren constantemente muchos seres humanos con crudeza en su vida diaria. Nos ha hecho conscientes de nuestra fragilidad y de las sociedades.

Tenemos que ser conscientes de que esta situación va a poner en jaque planteamientos geopolíticos relevantes, movilizará las actuaciones de gobiernos (de todo tipo), promoverá cambios en algunas cuestiones sociales, nos obligará a replantearnos la naturaleza de la globalización y cuestionará algunas de las cadenas globales de producción, poniendo a prueba la solidez de la democracia y del estado del bienestar en Occidente. Tenemos ante nosotros una enorme oportunidad para transformar nuestra sociedad y generar mejores condiciones de vida en el planeta.

Sin ánimo de ser exhaustivo me gustaría traer a la consideración de los lectores algunos de estos elementos que serán fruto de reflexión y, posiblemente de cambios en las actuaciones que determinarán el futuro de nuestra sociedad:

• Asia, en especial China, ha salido fortalecido de esta crisis. La lucha por la hegemonía mundial entre USA y China (con la mirada siempre perpleja de una Europa sin fuerza) se acrecentará en los próximos años, incidiendo sobre la competitividad y el bienestar de las sociedades de todo el planeta.

• Europa, configurada en torno a la Unión Europea, ha vuelto a decepcionar en su respuesta a los retos globales que enfrenta la Humanidad, y ha desaprovechado una nueva oportunidad para fortalecerse, dejándonos la duda sobre la eficacia de su funcionamiento y su impacto real en el bienestar de las personas.

• La necesidad de proteger el planeta se ha hecho más evidente que nunca. Nuestra forma de vivir deberá transformarse para impulsar la lucha contra el cambio climático, la transición energética, etc. Hemos asistido al espectáculo de la mejora en la calidad del aire, la limpieza de ríos y mares, y todo ello debería dar un impulso a esta batalla que tenemos por delante.

• Tendremos que reforzar nuestra apuesta por un mundo más solidario y comprometido con la mejora del bienestar de las personas en todo el mundo. El fomento a la cooperación con los países más necesitados, la apuesta por un desarrollo socio-económico más armónico, la atención a las personas migrantes, deberían adquirir un mayor protagonismo en nuestras políticas y en nuestras vidas.

• Asistiremos a un debate profundo sobre la globalización. Nos cuestionaremos más profundamente el papel de las regiones y los estados, el reparto internacional del trabajo, etc. Aparecerán movimientos que aboguen por el cierre de las fronteras, por el proteccionismo a ultranza y, por otras medidas que limiten la polinización de las economías y de las sociedades. Ya está ocurriendo. Debemos poner énfasis en el refuerzo de nuestra identidad para poder dialogar y cooperar con otras geografías en el desarrollo de políticas que mejoren la calidad de vida de las personas.

• Un gran debate que forma ya parte de nuestra vida cotidiana pero que se intensificará es el de seguridad: libertad, que ha sufrido un duro enfrentamiento como consecuencia de la implantación de los estados de alarma y la adopción de medidas traumáticas de pérdida de libertades en muchas sociedades afectadas por la pandemia. Vamos a seguir debatiendo y enfrentando a este tipo de convulsiones durante la fase de recuperación que implicará -en muchos casos- prohibiciones de movilización o de comportamientos, al mismo tiempo que la utilización de métodos de seguimiento y control.

• Un riesgo enorme que podemos enfrentar las sociedades occidentales es el auge del populismo extremo y de los fascismos liberadores (muchas consignas y actitudes han proliferado en redes sociales durante los confinamientos), con falsas promesas de protección. Es momento de apelar a los comportamientos democráticos y al trabajo colectivo para sacar adelante la difícil coyuntura con la que nos enfrentamos.

• La proximidad como factor clave a la hora de tomar decisiones económicas y sociales que se adapten a las realidades de las personas y a su entorno. Un impulso al autogobierno, colaborador con otras instancias de gestión, incidirá más directamente en la conformación de las comunidades de personas que pueden abordar los desafíos y retos a los que nos enfrentaremos en los próximos años.
No hay respuestas ciertas a los retos presentes y futuros. Suelo apelar frecuentemente en mis artículos a una frase del poeta uruguayo Mario Benedetti “Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, nos cambiaron todas las preguntas”. La realidad ha vuelto a validar con rotundidad esa afirmación: todavía no somos capaces de imaginar todas las preguntas que tenemos que hacernos para afrontar el futuro con solvencia.

Seamos optimistas. Estamos ante una nueva oportunidad de rehacer el camino y definir un libro de ruta más humano y cercano a las personas con la aportación solidaria de todos. Lo único cierto es que este camino nuevo no vendrá con libro de instrucciones, pero no olvidemos que conocemos los ingredientes básicos de la receta: creatividad, solidaridad, imaginación, trabajo compartido, autorresponsabilización, compromiso intergeneracional, entre otros. Y ahora más que nunca tenemos que tener capacidad para adaptarnos constantemente a los cambios que se irán produciendo en la sociedad, pero creo firmemente que, con la aportación decidida de todos, vamos a salir adelante.

Me gustaría terminar estas reflexiones con la motivadora frase que emana de un proverbio sudafricano: “el presente es confuso, el futuro perfecto”. Contribuyamos cada uno de nosotros, en la medida de nuestras posibilidades a construir ese futuro perfecto

 

Sabin Azua

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