Cómo afianzar la capacidad de competir de nuestras empresas industriales

Cómo afianzar la capacidad de competir de nuestras empresas industriales

Las empresas industriales afrontan nuevos retos derivados de una creciente complejidad del contexto competitivo, la incorporación de nuevas tecnologías que potencian las capacidades de diferenciación y personalización de la oferta, la configuración de segmentos de clientes cada vez más especializados y la entrada de nuevos competidores provenientes de nuevas economías. El desarrollo del talento y de modelos de negocio innovadores generan fuentes de ventaja competitiva.

Existe una convicción cada vez más generalizada sobre la necesidad de favorecer la competitividad de nuestras empresas industriales como motor de desarrollo y transformación de la sociedad. Afortunadamente, cada vez hay una menor necesidad de explicar las bondades de la industria como generadora de riqueza y elemento crítico para la reducción de las desigualdades sociales. Debemos congratularnos de ello, pero esto no implica que tengamos que abstenernos de realizar un enorme trabajo colectivo para desplegar empresas más adaptadas a las nuevas realidades del entorno competitivo internacional. 

Las empresas industriales son conscientes de que el escenario competitivo en el que desarrollarán su actividad tendrá un creciente nivel de complejidad, y que ésta se manifestará vinculada a muy diversos factores: complejidad inherente a las propias dinámicas competitivas de los sectores, un mayor peso de la relación estrategia-tecnología, una permanente globalización de las cadenas de valor, la aparición constante de nuevos jugadores desde la propia industria o desde mercados no relacionados, una mayor tendencia a la disrupción y fragmentación de las industrias en nichos de mercado con modelos de negocio propios, la apuesta por la generación de ecosistemas industriales en numerosos países, etc.

La mayoría de nuestros clientes constantemente ponderan sus virtudes en cuanto a calidad, servicio y flexibilidad cuando les preguntamos sobre sus elementos de diferenciación frente a los competidores. Desgraciadamente, tenemos que señalar que no son características diferenciales, sino condiciones sine qua non para poder seguir compitiendo. Aun cuando tenemos una buena base en estos atributos de gestión, no son suficientes para generar un proyecto de futuro sostenible. Necesitamos un estado de permanente transformación de nuestros proyectos industriales.

La configuración de los proyectos de las empresas industriales se verá altamente condicionada por la intensificación de la competencia, por una mayor cooperación con todos los miembros del ecosistema industrial (tanto propio del país como internacional), por la escasez de talento capacitado para la nueva era, por la ruptura de las industrias tradicionales en industrias más focalizadas con necesidades compartidas específicas, por la necesidad de ser eficaces en el “time to market” como fuente de ventaja competitiva y, por la permanente capacidad de adaptación al nuevo entorno que exige agilidad y velocidad para generar ventajas competitivas.

A nuestras empresas industriales se les presenta un escenario difícil y de permanente desafío, pero también un mundo lleno de oportunidades para poner en valor las capacidades y competencias desarrolladas a lo largo de muchos años. Debemos tener en cuenta que la mortalidad de los proyectos empresariales se ha incrementado en los últimos años, tendencia que se vislumbra que continuará hacia el futuro.

Nuestro ecosistema industrial ha sido capaz de sortear procelosos momentos de la Historia; consolidando una industria con potencial de desarrollo para seguir transformándose y adaptándose a las exigencias de la nueva economía industrial que está emergiendo con mucha vitalidad.

A lo largo de mi vida profesional como consultor de estrategia empresarial he aprendido que no existen recetas mágicas generalizables para garantizar la viabilidad de un proyecto empresarial en el largo plazo. Sin embargo, sí que existe una serie de pautas o atributos bastante comunes a las organizaciones. Me gustaría señalar aquellos rasgos de las estrategias industriales que me parecen extrapolables a un número importante de ellas, con la necesaria adaptación a la realidad de cada proyecto empresarial concreto.

La necesidad de segmentar con intensidad el mercado, identificando grupos de clientes (nichos) que tengan necesidades similares, mecanismos de relación con proveedores compatibles, necesidad de soluciones complejas especializadas, etc., va a ser una de las capacidades básicas de nuestras empresas industriales. La tendencia a la personalización de la oferta (dentro de los adecuados marcos de estandarización operativa) va a intensificarse en los próximos años.

Nuestras empresas, con muy honrosas excepciones, tienen un gap en esta anticipación de las necesidades futuras de los clientes. La mayoría de ellas han producido para clientes que insertan su producto en las líneas de ensamblaje de las empresas que mantienen el contacto con el cliente final, y de aquí se ha generado un déficit de inteligencia comercial. En la capacidad de producir soluciones disruptivas, adaptadas a los segmentos identificados se juega gran parte de la competitividad futura de nuestras organizaciones, huyendo – en la medida de lo posible – de los mercados de precio.

Son pieza clave para favorecer el desarrollo futuro de nuestras empresas industriales aspectos tales como la generación de modelos de negocio innovadores donde se incorpore con fuerza la profunda transformación que se está produciendo en el espacio y el rol del consumidor, la adaptación a las necesidades específicas de cada mercado/cliente, la articulación de mecanismos de cooperación con otros agentes para satisfacer dichas necesidades de personalización, etc.

Algún lector se puede preguntar por qué no he iniciado la descripción de los rasgos comunes a las empresas industriales por la tecnología, la industria avanzada o la fabricación 4.0, elementos que están en el día a día de los medios y de los foros de trabajo. Aunque soy consciente de la enorme importancia que tiene este elemento, considero que la vinculación con el mercado y los clientes son aún más críticos para nuestras empresas en el desarrollo de sus estrategias de futuro.

Es evidente que nuestras empresas industriales tienen que aprovechar las enormes ventajas que se producen en el marco de la tecnología. La capacidad de integrar estas tecnologías emergentes/ consolidadas en los modelos industriales y de servicio de las empresas será una de las mayores fuentes de ventaja competitiva en el futuro. Hay que establecer mecanismos de adopción rápida de las tecnologías de digitalización (crítica para los negocios futuros), la automatización, etc., que no sólo transforman la operativa de la empresa, sino que generan modelos de negocio innovadores adaptados a las necesidades de segmentos de clientes específicos.

Debemos ayudar a las empresas, huyendo de las modas que se generan en todo proceso de transformación, a comprender las ventajas de estas nuevas tecnologías para su modelo empresarial y los mecanismos de adopción de las mismas; para que puedan integrarlas con agilidad y con éxito. Lo más relevante de este proceso es incorporar inteligencia al producto y servicio como elemento de diferenciación.

La creciente dinamización de la competencia internacional obliga a las empresas industriales a desarrollar estrategias de glocalización de sus actividades. Hay que mantener una actividad global de monitorización de tendencias, comportamientos futuros de industrias, claves de competitividad, etc., pero siempre con una aplicación y adaptación a lo local (fuertemente condicionado por la mayor personalización de la oferta). Ninguna empresa que no incorpore estas claves de inserción internacional de sus actividades, tendrá un escenario competitivo de futuro favorable.

Esta realidad, que todavía a veces se define como tendencia, obliga a las empresas a tener una nueva dimensión de multiculturalidad como rasgo esencial de su identidad. Necesitamos incrementar el acervo cultural de las organizaciones generando mecanismos de gestión que garanticen la participación de profesionales de diversas geografías en las actividades esenciales de la empresa (empezando por sus órganos directivos). El mestizaje cultural de las empresas generará posibilidades de competir en esta nueva dinámica internacional, enriqueciendo la identidad propia de las empresas industriales de nuestro entorno y adaptándolas a la nueva realidad.

No podemos olvidar que los proyectos empresariales los hacen las personas. Las empresas industriales tienen que apostar con mayor intensidad que nunca por articular Comunidades de Personas en el seno de la organización. Tenemos que atraer y retener el talento, muy escaso en algunos de los campos en que se van a librar algunas de las batallas de futuro (preocupa la falta de vocaciones científico-tecnológicas en nuestro entorno, la natalidad, la fusión y enriquecimiento de diferentes culturas, etc.).

La articulación de dichas Comunidades debe favorecer la generación de una “Causa” en el seno de la organización, un proyecto ambicioso y transgresor de futuro que involucre a todos los participantes, establezca marcos para la innovación permanente para que facilite una adecuada focalización del intraemprendimiento, que integre pensamientos y competencias dispares, que reconozca la experimentación y el riesgo como elementos críticos de la gestión empresarial, etc. Para garantizar su viabilidad futura, las empresas industriales deben ser atractivas para las nuevas generaciones.

He querido utilizar estos cuatro atributos críticos para el futuro de las empresas industriales pero no quiero dejar de citar algunos otros: la necesidad de generar pensamiento estratégico en las empresas, la necesidad de fortalecer los balances para poder competir con éxito en el futuro, la apuesta por la mejora de la productividad (lo “lean” es más necesario que nunca), la necesidad de cooperar y trabajar en red para gestionar adecuadamente los modelos de negocio, la vinculación con el territorio mediante el valor compartido, etc. 

El escenario que se presenta a las empresas industriales es desafiante, pero también apasionante. Estamos en el centro de un proceso que está configurando la Cuarta Revolución Industrial que algunos definen como Digitalización. Como en todo proceso revolucionario, se están generando nuevas oportunidades que debemos consolidar. Confiemos en que nuestras empresas sean actores preferentes en este proceso.

 *Publicado en Estrategia #000006

Sabin Azua

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