Hasta siempre, Comandante

A más de algún lector de este periódico le sorprenderá que dedique mi espacio mensual a despedirme del Comandante Fidel Castro con ocasión de su muerte. No parece ni ortodoxo, ni políticamente correcto que un consultor de estrategia empresarial glose la figura de un personaje tan controvertido, que ha terminado con más detractores que partidarios por el rumbo que tomó la revolución cubana en los últimos tiempos.

Pero no puedo olvidar que su figura, la irrupción de su estrella en la escena política latinoamericana cuando fue juzgado por el asalto al Cuartel de la Moncada (verdadero inicio de la Revolución Cubana) y pronunció su célebre alegato: “La Historia me absolverá”, ni puedo olvidar la posterior rebelión de los barbudos, la lucha en Sierra Maestra y la victoria para derrocar al régimen de Bautista, hechos que marcaron un antes y un después de la Historia del continente y en parte, del mundo.

El movimiento revolucionario cubano generó una dinámica de cambio en el continente, promovió la lucha por la dignidad de las personas, se enfrentó a la dominación de las grandes multinacionales, llevo esperanza a la población y dio cauce de expresión a las reivindicaciones sociales.

La primera etapa de la revolución, pese al tremendo boicot sufrido por su economía, supone un gran avance social: mejora de la educación que llega a toda la población, un sistema sanitario universal de alta calidad, un reparto de las rentas equitativo y solidario, es decir, grandes avances en la igualdad social. Éste es el espejo en el que se inspiró toda la apertura social del continente. 

Es una lástima que en las etapas finales de su mandato se haya optado por la represión de las personas y la disidencia, por generar un régimen autocrático y escasamente defensor de los derechos humanos. Siempre quedará la duda de saber cómo hubiese evolucionado la revolución cubana si no hubiese sufrido la persecución, el aislacionismo y el embargo. ¿Hubiésemos asistido a un nuevo modelo de desarrollo inclusivo en Latam?

Confieso que fue un referente en mi época de juventud, ayudó a comprender la necesidad de trabajar por la dignidad humana, luchar contra las desigualdades sociales,  anteponer las necesidades comunes sobre las individuales. Ése es el recuerdo y ésa la influencia que me traen a esta reflexión, a escasos días de la muerte de una de las figuras más carismáticas del Siglo XX. Me quedo con el Fidel Castro que espetaba: “mientras haya un solo cubano que pase hambre y no disponga de igualdad de oportunidades, habrá que seguir luchando”. Hasta siempre Comandante.

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Sabin Azua

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