América del Sur-China crecimiento exponencial en las relaciones en los primeros 15 años del Siglo XXI

América del Sur-China crecimiento exponencial en las relaciones en los primeros 15 años del Siglo XXI

Las voluntades y propuestas chinas para las relaciones bilaterales de los distintos países muestran por ejemplo, roles consensuados, que van desde la consideración de Perú como la puerta principal de entrada del comercio regional, Chile visualizada como la plaza financiera china en América del Sur, Colombia en su rol como puente cultural e industrial manufacturero, Brasil como plataforma industrial y tecnológica líder, y Bolivia como la suministradora principal de energía regional. 

China ha conseguido hoy en día constituirse en un jugador internacional de gran gravitación en el concierto mundial. Credenciales no le faltan. Tiene las reservas más importantes a nivel mundial, es el principal actor en el comercio internacional, ostenta una importante incidencia en materia de inversiones externas y finalmente, se ha convertido en un estimulador y actor de financiamiento para el desarrollo. Cubre acciones en todos los continentes donde EE.UU ha sido su principal aliado en la primera década de este siglo, para profundizar luego un proceso de diversificación tal, que muestra a China haciendo inversiones y firmando contratos por el mundo desde Europa, pasando por África, Australia, América Latina y especialmente en Asia.

China es hoy un operador global.

En una primera fase, China buscó activar su necesidad de compras de materias primas para continuar y profundizar su desarrollo. En la segunda fase, colocó en el escenario mundial empresas que hasta el 2000 no figuraban en las estadísticas de ONUDI y que hoy son primeras en el mundo como principales actores de los mercados internacionales, tanto en commodities como en productos industrializados y tecnología.

Actualmente se puede decir que está en una tercera fase de expansión, fortaleciendo su posición a través del incremento de su inversión externa directa, mientras promociona y coloca en los mercados de destino sus empresas públicas y privadas, establece alianzas o compra empresas, no descuida el comercio y busca incentivar la compra en moneda local, es decir yuanes, condicionándola a su comercio. Sobra decir que interviene en sectores más allá de las materias primas, como la tecnología, el inmobiliario y el sector financiero.

Los principales incentivos hacen referencia a las reducciones de impuestos y el financiamiento en condiciones preferenciales de las entidades financieras oficiales, principalmente el EximBank de China. Como parte de esa política, las empresas que invierten en el exterior no poseen restricciones para la compra de divisas. Los bancos chinos abren oficinas en varias partes del mundo, y esto potencia por un lado las inversiones externas chinas, apalancándolas financieramente y por otro lado, financian a sus clientes en el mercado en que se hayan instalado.

Ejemplo de crecimiento sostenido en la última década lo constituyen las inversiones externas en Europa, donde 2015 registra nuevamente importantes crecimientos con guarismos similares a los incrementos registrados en el 2014, del orden del 117%. El Reino Unido muestra la mayor concentración de la corriente de inversiones chinas, pero aparecen nuevos jugadores como Italia, Portugal, Alemania y España. Los sectores que concentraron en su momento las inversiones mayores, como el de energía o inmobiliario, han dado paso a otros con mayor valor agregado, como el agro-alimentario o la tecnología; un ejemplo de ello es la reciente adquisición del 100% de las acciones de una institución de formación profesional alemana famosa por su formación de ingenieros mecánicos.

En material de financiación para el desarrollo encontramos también destacados exponentes: por un lado, el BAII (Banco Asiático de Inversiones en Infraestructuras) organismo multilateral de desarrollo al que pertenecen 37 economías asiáticas y 20 no regionales, y cuyo objetivo es el desarrollo de proyectos en Asia de infraestructuras energéticas, de transporte y logística, agrícolas y rurales, desarrollo urbano y protección ambiental; y por otro lado, vemos la creación del fondo especial de 30.000 millones de dólares estadounidenses para fomentar la cooperación entre China y América Latina en materia de asistencia para el financiamiento de la capacidad productiva y la fabricación de equipamiento.

América del Sur-China.

El salto comercial China-América Latina es bien conocido: el comercio bilateral pasó de US$12.600 millones en 2000 a US$263.000 millones en 2014.

Se estima que para este año 2016 China desplazará a la Unión Europea como el segundo socio comercial de Latinoamérica, detrás de Estados Unidos y que en un plazo menor a 15 años China superaría a Estados Unidos como en el mayor socio comercial de Latinoamérica.

Actualmente es el principal acreedor financiero de América Latina, y ha relegado a EE UU y Europa. China prestó a Latinoamérica 22.100 millones en 2014, más que el BID y BM juntos. La mayor parte de este préstamo procede de los bancos estatales China Development Bank y China Export-Import Bank. 

China es el mayor consumidor mundial de productos básicos, y América del Sur tiene un abanico de diversidad que satisface su interés: petróleo, minería y los productos alimentarios, entre otros. En ese sentido China se ha convertido en el primer socio económico de Brasil, Argentina, Chile y Perú, y la segunda posición en la mayoría del resto de los países de la región.

Una característica que importa resaltar en las inversiones petroleras chinas en América del Sur es que éstas mayoritariamente se han hecho a través de la compra de participaciones que empresas europeas y de Estados Unidos tenían en este mercado, subsistiendo en muchos casos las empresas de los distintos países inversores, en la explotación petrolera. 

Las nuevas modalidades y la especialización productiva

China ha socializado dos metas que desearía alcanzar en sus relaciones con América Latina para los próximos 10 años: un comercio bilateral del orden de los 500 mil millones de dólares y un monto de corriente de inversiones directas chinas del orden de los 250 mil millones de dólares. 

Para ello ha planteado y formalizado acuerdos bilaterales con distintos países de la región, con una batería de instrumentos y hacen referencia hacia orientaciones en materia de especializaciones y roles diferenciados, en el mosaico regional. 

De esta forma y con el fin de satisfacer las necesidades tanto propias como la de los países latinoamericanos y, buscando mitigar principalmente, las deficiencias de infraestructura por todos conocida, China abogó por la construcción conjunta de tres corredores, para lograr la interconexión del continente sudamericano y de éste con China, mejorando los relacionamientos y los tiempos del intercambio:

  • Logística: construcción ferroviaria
  • Energía eléctrica: generación y trasmisión de energía eléctrica de alta tensión
  • TICS: tecnología de internet y de las telecomunicaciones móviles de próxima generación (4G)

A su vez, se plantea para este 2016 profundizar en tres acciones instrumentales:

  • Fomento de parques industriales bi-nacionales. Es la forma de cooperación industrial elegida por China para el apoyo de empresas chinas y de América del Sur en áreas temáticas afines. 
  • Eliminación de la doble tributación. 
  • Asociación estratégica integral, que implica la integración de las capacidades productivas entre ambos países.

En forma explícita además, sus autoridades han expresado que la base del actuar será mediante alianzas público-privadas, que contemplan la modalidad de franquicias dentro de una economía de mercado.

“El nuevo modo de cooperación en capacidad productiva entre China y América Latina debe cumplir con las reglas de la economía de mercado, en un intento por lograr una buena interacción entre el sector privado, la sociedad y el gobierno. Los proyectos de cooperación deben ser gestionados por empresas y operados comercialmente, con la promoción del gobierno y la participación de toda la sociedad.” 

El gobierno de China solicita de forma expresa a las dos partes que concurran empresas chinas y americanas que faciliten la construcción de sus proyectos de cooperación a través de la ampliación de tres canales financieros: financiación, préstamos y seguros.

A su vez, propuso que se enfoquen esfuerzos hacia la construcción de cuatro pilares principales en el que se asentará la cooperación:

  • amistad y confianza mutua
  • beneficio recíproco y ganancia compartida
  • aprendizaje mutuo en lo cultural
  • la alianza integral en la capacidad productiva 

Junto a esta batería instrumental, las voluntades y propuestas chinas para las relaciones bilaterales de los distintos países muestran por ejemplo, roles consensuados, que van desde la consideración de Perú como la puerta principal de entrada del comercio regional, Chile visualizada como la plaza financiera china en América del Sur, Colombia en su rol como puente cultural e industrial manufacturero, Brasil como plataforma industrial y tecnológica líder, y Bolivia como la suministradora principal de energía regional.

Esta especialización orientadora visualizada y llevada a la práctica desde una economía centralmente planificada ha tenido la respuesta tradicional ya vista en anteriores sucesos: respuestas nacionales con sustentos políticos más de visiones cortoplacistas que de análisis y propuestas integradoras y de largo plazo.

Los cambios de paradigmas, de una América del Sur que se disponga a mejorar su dependencia de las materias primas y de la compra de productos manufacturados dependerá de la propia conciencia y esfuerzo que vuelque la región en pro de la mejora de su propia posición competitiva, más que de propuestas externas, que solo si son bien acompañadas y direccionadas podrán generar resultados promisorios para las nuevas generaciones.

 

Escrito por Primavera Garbarino, Integran Consulting.

*Publicado en Estrategia #000005

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