Agricultura sin capital, sin trabajo y sin tierras

Conocí a Gustavo Grobocopatel, presidente del grupo Los Grobo, empresa argentina de agronegocios, en 2010 en Montevideo en el marco de una conferencia sobre competitividad regional y el futuro de la alimentación, donde se debatía sobre “¿Qué papel quiere jugar Uruguay en las diferentes cadenas agroalimentarias mundiales en los próximos 50 años?”

Hoy su grupo empresarial factura más de 800 millones de dólares, cuenta con más de 900 empleados, administra 150.000 hectáreas (repartidas entre Argentina, Uruguay y hasta hace poco Paraguay y Brasil) sembradas en un 60% con soja, dirigida sobre todo al mercado chino donde se utiliza principalmente como alimento para animales.

Representan la cara más visible y convencida de un modelo de agronegocios que echó por tierra el modelo tradicional, y que podría resumirse como agricultura sin capital, sin trabajo y sin tierras. El 90% de las hectáreas que cultiva no son suyas, simplemente las alquila, generando lo que se denomina un “pool de siembra”. Su grupo de empresas aporta capacidad de gestión y diferentes servicios al conjunto de los agricultores. Entre las empresas de su grupo están Agrofina que desarrolla agroquímicos y fertilizantes; o Frontec que ofrece una plataforma tecnológica de agricultura de precisión y provee consultoría y servicios a 3.000 productores que siembran, en total, un millón de hectáreas.

No obstante, la historia de Los Grobo posee un reverso oscuro por el que son duramente criticados. Su modelo no solo se basa en tierras arrendadas, sino también en la siembra directa (no se eliminan las malezas de la cosecha anterior) y en las semillas transgénicas (permitidas por el gobierno argentino), lo que genera un círculo vicioso que aumenta el uso de agroquímicos. 

Pero más allá de la polémica y volviendo a aquella conferencia de 2010, Gustavo planteaba como tesis central de su presentación que “la innovación en las formas de hacer las cosas en el mundo agroalimentario pueden crear competitividad, sostenibilidad y bienestar”. Hacer las mismas cosas, pero de forma diferente, generando un nuevo tipo de organizaciones en el mundo agro. 

Organizaciones que consideran individualmente los intereses y necesidades de sus grupos de interés (trabajadores, proveedores, clientes, administraciones públicas, etc.). Una concepción innovadora de las agroempresas que requiere un cambio de cultura y de modelo de negocio. Para favorecer esta transformación, Los Grobo ofrece a los agricultores una serie de programas de desarrollo de capacidades en materia de empleabilidad y desarrollo profesional, capacidad de ahorro e inversión, emprendimiento e intraemprendimiento, etc. tratando de convertirles en verdaderos promotores del cambio en su empresa, entorno y en su vida personal. 

En resumen, más allá del innovador y polémico modelo de negocio que Gustavo Grobocopatel ha construido en torno al negocio de la soja en el Nuevo Mundo, quiero resaltar la visión que plantea, desde el mundo agroalimentario, de la sociedad y las empresas del futuro. Una sociedad con empresas más porosas que generan entusiasmo y bienestar, empleabilidad y autonomía en las personas. Empresas que influyen sobre el interés público y lideran transformaciones sociales a través de sus grupos de interés. Y un sector público abierto a la interacción con estas empresas, fruto de las cuales surgen políticas públicas innovadoras y con capacidad de transformar la realidad. 

 

 Puede seguir el artículo en Cuadernos Estrategia: Agroalimentación Vasca (Estrategia Empresarial)

Oscar Valdivielso

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