¿Llega una avalancha a la educación superior?

Leía el otro día un informe sobre el futuro de la educación superior con un título más que sugerente: “Llega una avalancha1 . Los autores afirmaban que tal y como la tecnología y la globalización han transformado sectores como la música, los medios de comunicación o la banca en las últimas décadas, también la educación superior se enfrenta a un futuro incierto. 

En efecto, la universidad, una institución medieval con un milenio de historia, se está viendo amenazada en los últimos tiempos por nuevos competidores. Pensemos en empresas como Google o Microsoft que prefieren formar ellos mismos a sus profesionales, u organizaciones como Thiel Fellowship que acompañan a jóvenes talentos para que desarrollen su proyecto de vida en un modelo educativo totalmente disruptivo. Y por supuesto las plataformas MOOC (Massive Open Online Courses) que permiten que universidades de primera línea mundial como Stanford o Princeton ofrezcan cursos en línea de forma gratuita. 

Nuevos competidores, con un modelo de negocio totalmente distinto que obligan a plantearse cuál es el valor añadido que ofrece la universidad tradicional. En otras palabras, ¿por qué va alguien a sentarse en una clase en la UPV-EHU si puede seguir gratis la que se enseña en Stanford y aprender de profesores “superestrella”? ¿Qué papel le queda a la universidad? 

En mi opinión, mucho. La universidad es un pilar de nuestro modelo social y económico y ejerce un papel fundamental no sólo en la formación, generación y transferencia de conocimiento, sino también en el desarrollo y modernización de la sociedad. Sin embargo, creo que la universidad necesita transformarse, desde sus fortalezas, para adaptarse a un entorno que demanda otras formas de hacer y de aprender.

En este sentido, uno de los valores diferenciales que debe reforzar la universidad es la experiencia que se establece en clase. Las clases interactivas, en las que la base es el diálogo, el debate y la práctica no se pueden replicar online fácilmente. Por eso es tan importante transformar el modelo de “clase magistral”, buscando nuevas metodologías que favorezcan el desarrollo de la creatividad y la generación de ideas y razonamientos propios. Quizá el modelo del futuro es un modelo mixto, en el que el profesor usa el curso de Stanford como libro de texto y luego se ocupa de complementar en clase con sus estudiantes sus reflexiones, críticas o dudas. 

Asimismo, la universidad debe fortalecer su vocación de ofrecer una formación integral a la persona, con una sólida formación generalista y un esfuerzo en el desarrollo de competencias transversales. Una formación integral que favorezca la flexibilidad curricular y la reinvención personal a lo largo de la vida profesional. Todo apunta a que el futuro laboral va a requerir personas capaces de emprender distintos proyectos a lo largo de su vida, de reinventarse en actitudes y aptitudes, de aprender constantemente, y la universidad debe ser el espacio ideal en el que “aprender a aprender”. 

Ante las avalanchas hay una opción que no es válida: permanecer inmóvil. Las universidades que se queden ancladas en los modelos del siglo pasado tendrán dificultades para sobrevivir, pero aquellas que sean capaces de transformarse y adaptarse a las oportunidades que se presentan escaparán de la avalancha y saldrán fortalecidas. 

1  An avalanche is coming. Higher Education and the Revolution Ahead. Michael Barber, Katelyn Donnelly, Saad Rizvi. IPPR-Institute for Public Policy Research

 

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Ana Avendaño

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