No castiguemos a Europa con De Guindos

El mundo clama por encontrar nuevas fórmulas que faciliten el desarrollo competitivo de los países y regiones. Demandamos nuevas políticas públicas centradas en el desarrollo económico y social inclusivos. Hablamos de la necesidad de reforzar el papel de una Europa competitiva reforzada en dinamizar su tejido industrial y su estado de bienestar social. En paralelo, asistimos atónitos al intercambio de favores y componendas políticas para situar a De Guindos al frente del Eurogrupo. ¿Cómo se puede entender este desatino?

¿Es posible que alguien en su sano juicio piense que las políticas seguidas por el ejecutivo español para hacer frente a la crisis son beneficiosas para Europa? ¿Cómo se puede apelar a la bondad de una gestión de la crisis que ha conseguido ahondar las profundas desigualdades sociales y que mantiene unas tasas de desempleo inaceptables? ¿Alguien cree que se están poniendo bases sólidas para construir una plataforma competitiva para el futuro?

Lo que distingue a Europa en el contexto internacional es la apuesta por la competitividad en su sentido amplio: apoyo en la generación de riqueza de forma sostenible y una mayor incidencia en la lucha por alcanzar mayores niveles de bienestar social. Justo lo contrario de lo que significan las políticas desplegadas por el Ministro en su gestión.

Confío plenamente en que Europa continuará siendo un actor fundamental en el orden económico mundial, pero debe hacerlo desde la generación de políticas de desarrollo que pongan la lucha contra las desigualdades sociales y la apuesta por una industria competitiva en el centro de su agenda. Esta es la esencia de las políticas a implementar en el seno de la Unión Europea. Siento decirlo, pero creo que el posible nombramiento de De Guindos marcharía en la dirección opuesta.

Decía Paul Krugman en un artículo en el International New York Times este verano algo con lo que coincido plenamente: “está demostrado que las desigualdades sociales son un lastre para el crecimiento, mientras que una adecuada redistribución de las rentas es muy beneficiosa para la economía. No hay ninguna evidencia que haciendo a los ricos más ricos produzca un enriquecimiento de la nación en su conjunto, pero existe una clara constatación de los beneficios de hacer a los más necesitados más ricos”.

Con independencia de quienes sean las personas que ocupen los puestos en la Unión Europea, creo que es tiempo de una nueva política de competitividad para Europa, centrada en la generación de condiciones que favorezcan la creación de riqueza y la apuesta por una Europa cada vez más justa y solidaria. Espero que hayamos aprendido la lección de este largo período de crisis que aún vivimos, y avancemos en la lucha por reducir las desigualdades sociales, poniendo énfasis en empresas cada vez más competitivas internacionalmente.

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Sabin Azua

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