“Humildes y hambrientos”:La transformación de organizaciones desde el deporte

¿Puede el deporte profesional actual, tan mercantilizado y alejado de su sentido original de puro divertimento, aportarnos inspiración para la transformación de nuestras organizaciones?

La historia, el cine o el deporte son algunos de los ámbitos que empresas y directivos utilizan habitualmente para buscar referentes y fuentes de inspiración. Ahí encuentran ejemplos de los que aprender sobre relaciones humanas y transformaciones organizativas. El reciente fallecimiento del legendario entrenador de baloncesto universitario Dean Smith (mentor de Michael Jordan, para más señas), o las continuas alusiones en los medios a veteranos entrenadores como Alex Ferguson o Marcelo Bielsa, me brindan la oportunidad de recordar algunas de sus principales enseñanzas sobre la gestión de equipos humanos.

“Toda persona es capaz de alcanzar el éxito”, repetía Sir Alex una y otra vez para empezar sus charlas a los jugadores; era su versión particular del “todo el mundo es un genio” de Einstein. Es una expresión clara de la apuesta por la persona como protagonista de su destino, armado de su creatividad y esfuerzo, su pasión y confianza en sí mismo; e impulsada por sus sueños. 

No lo interpreten como un alegato del individualismo, sino más bien todo lo contrario. Cuentan que el viejo escocés, a modo de mandamientos del trabajo en equipo, solía escribir en la pizarra del vestuario: Las seis palabras más importantes son “Admito que he cometido un error”. Las cinco palabras más importantes: “Has hecho un buen trabajo”. Las cuatro palabras más importantes: “¿Cuál es tu opinión?. Las tres palabras más importantes: “Si te parece”. Las 2 palabras más importantes: “Muchas gracias”. Y la única más importante: “Nosotros”… Y la menos importante: “Yo”. 

Y tampoco lo entiendan como el deseo de primar el éxito y el triunfo a toda costa. La construcción de equipos ganadores era su prioridad, pero no a toda costa. Muchos de los líderes más reconocidos comparten un enfoque basado en proyectos de largo plazo, construidos desde la base, reinventados periódicamente y basados en altísimos estándares de trabajo y esfuerzo, honor e integridad. Son equipos que nunca dejan de adaptarse y prepararse para ganar.

Aunque, como en cualquier tarea en la vida, se puede ganar o perder, lo importante, según ellos, es “la nobleza de los recursos utilizados”. Porque “el éxito y la felicidad no funcionan como sinónimos. El liderazgo está directamente relacionado con la derrota. Ahí se verifica la consistencia del líder, que tiene que ser querido para ganar, y no ser querido porque ya ganó”.

Dotado de una proverbial capacidad de síntesis y de la fuerza de un discurso repetido una y mil veces, el viejo Dean Smith resumía su concepción del deporte y de los equipos de alto rendimiento en unas sencillas palabras: “Play hard. Play smart. Play together.” Y repetía a sus jugadores que les quería “humildes y hambrientos”, especialmente después de una victoria, “como el león, que nunca ruge después de cazar a su víctima”. 

¿Puede el deporte profesional actual, tan mercantilizado y alejado de su sentido original de puro divertimento, aportarnos inspiración para la transformación de nuestras organizaciones? Termino respondiéndome por boca de Marcelo Bielsa: “Yo aprendí por el deporte que la generosidad era mejor que la indiferencia; aprendí el valor de la significación del coraje, aprendí la importancia del esfuerzo, y aprendí lo trascendente de la rebeldía”. ¿De verdad que sólo es un juego?

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Oscar Valdivielso

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