Reforzar nuestra apuesta industrial

Hoy más que nunca tenemos que potenciar nuestra capacidad manufacturera como eje central de nuestro proyecto de país, que debe balancear adecuadamente  la generación de riqueza con los más elevados niveles de cohesión social.

Es evidente que las áreas más competitivas del mundo son aquellas que tienen una fuerte presencia de la industria de transformación avanzada en sus economías, constituyendo dicha industria el principal motor de generación de riqueza.

Las empresas industriales generan de media (según un estudio elaborado por Harvard Business School) entre 2 y 5 empleos en el resto de la economía. Constituyen además, la parte más sustancial del comercio mundial (elemento crítico para generar un superávit que ayude a financiar el coste de las importaciones), son el principal inversor en investigación aplicada e innovación (alrededor del 70% del gasto en I+D), y representan la fuente principal de desarrollo de los servicios de valor añadido que generan un tipo de empleo altamente cualificado.

La política industrial del futuro debe ser la base de un modelo orientado a disminuir las desigualdades de renta existentes, y favorecer la configuración de un núcleo importante de empresas participadas. Debemos generar un ecosistema industrial que desde todos los ámbitos potencie la competitividad de nuestras empresas en el que nos toca vivir.

Creo que nuestra política industrial debe desarrollar e implementar una estrategia integrada, que conlleva una permanente apuesta por la ciencia, la tecnología y la innovación, el refuerzo una educación que potencie la capacidad de generar una industria manufacturera de alto valor añadido, la integración de nuevas tecnologías y modelos de negocio, la democratización  de la empresa, y todo ello acompañado por una política fiscal favorecedora de comportamientos empresariales en este sentido. Hemos avanzado mucho en este camino pero tenemos que incrementar la apuesta dada la creciente complejidad de la competencia internacional.

La política industrial debe apoyar los procesos de transformación empresarial para favorecer la capacidad de las empresas de realizar una adecuada inserción internacional de sus actividades, la aportación de soluciones integradas y productos, la intensificación del conocimiento de los clientes finales (nuestro país tiene una industria más centrada en el proceso que en el producto), la incorporación de tecnologías emergentes a la manufactura (bits, genoma, neuronas, clean), la cooperación y el desarrollo de tamaños mínimos para competir, etcétera.

Tenemos que conseguir un movimiento social en favor de la industria en nuestro país, situando a la empresa en el centro del proceso de creación de riqueza. Necesitamos poner en valor su contribución social y económica, apostando por disponer del mayor número posible de empresas participadas, en las que la adecuada distribución de las rentas, la configuración de proyectos compartidos de desarrollo sostenible, la corresponsibilización de todos sus miembros, el compromiso con el entorno, sean elementos de diferenciación.

Artículo "Reforzar nuestra apuesta industrial" en Gara

 

 

Sabin Azua

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