Johan Cruyff: siempre jugaremos a tu lado

A los que nos gusta el fútbol, nos ha dolido profundamente la muerte de Johan Cruyff. Fue un placer verle jugar. Reconozco que habiéndole visto por televisión y admirado su forma de jugar, la primera vez que le vi en el campo en un partido en San Mames me subyugué. Qué manera tan inteligente de moverse, de ocupar el espacio pareciendo que no corría, de hacer que los demás se movieran a su alrededor orquestando su participación en el juego, jugando con descaro. Recuerdo que lo que más me impactaba era la aparente naturalidad y armonía de sus movimientos.

Cruyff revolucionó un juego que parecía, ya entonces, que permitía poca innovación. Lo hizo como jugador y también como técnico. Demostró que estética, diversión y eficiencia no estaban reñidas, sino que eran parámetros de la ecuación triunfadora. Transformó un Barcelona cohibido y acomplejado en un equipo con identidad propia, coherencia en su estilo de juego, atractivo para el espectador y con un gen ganador impresionante. ¡Gracias Flaco por darnos esos momentos de alegría!

Son célebres algunas de sus frases, y creo nos aportan enseñanzas también para el mundo de la empresa. La primera que me gustaría destacar es la apelación permanente a la imaginación y a la ilusión como elementos tractores de la competitividad empresarial: “¡Cuántos niños no han utilizado las carteras, las mochilas, los abrigos o unas piedras para marcar las porterías! Este detalle nos demuestra que no siempre es necesario tener todos los elementos y que las carencias se suplen con imaginación e ilusión”.

Éste es uno de los rasgos más críticos para fortalecer los proyectos empresariales: la creatividad, la búsqueda constante de motivación, la rebeldía frente a las limitaciones de los elementos, etc., deben estar presentes en la mayoría de los proyectos empresariales. Nuestras organizaciones deben fomentar estos comportamientos pero, lamentablemente tenemos una fuerte tendencia a cercenarlos. Huyamos de las organizaciones tristes y poco ilusionantes para atraer a los nuevos profesionales a las mismas.

Una expresión permanentemente utilizada por Cruyff es una verdad lacerante en el mundo del futbol y en el de la empresa: “Si tú tienes el balón, no lo tiene el rival”. Algún lector estará pensando que esto es una tontería, pero desde mi punto de vista, es toda una declaración de principios. Es la empresa la que tiene que delimitar el campo de juego de la organización, ser protagonista de su propio destino, centrarse en sus capacidades para no dar opción al rival.

Son innumerables los proyectos empresariales (como los equipos de fútbol) que plantean sus estrategias sobre la base de la respuesta a las capacidades de los rivales. Este hecho determina estrategias defensivas, poco creativas, poco ilusionantes para sus trabajadores/futbolistas, que dependen en gran medida de los errores o debilidades puntuales de los competidores y, por ende, renuncian a ser traccionados desde la propia organización.

Estos proyectos creativos, de buen fútbol, son los que hacen de banderín de enganche para los profesionales. Casi todos los profesionales preferiríamos trabajar en organizaciones dispuestas a tener el balón, es decir, casi todos apostaríamos por ser protagonistas de nuestro destino. Uno de los grandes retos que tienen los proyectos empresariales en la actualidad es generar una dinámica de trabajo y de pertenencia que haga que las personas se vinculen al mismo. Johan nos enseña que esto se hace desde la diversión, la confianza y la valentía.

Una de las características que Cruyff imprimió a su vida profesional como futbolista y entrenador era la constante apelación a la asunción de riesgos y a una permanente experimentación. Sufrió numerosas críticas por huir de la ortodoxia y de los paradigmas establecidos. Es por ello que su legado ha sido inmenso. Fue fiel a su frase: “juega como si nunca pudieras cometer un error, pero no te sorprendas cuando lo hagas”.

Esta es una de las máximas de la competitividad empresarial, la permanente obsesión por apostar, generar capacidades, explotarlas y estar preparados ante el error. Una actitud abierta, innovadora, en ocasiones transgresora, que nos aporte una ventaja competitiva en el mercado, pero con capacidad de reacción para cubrir nuestros errores o las actuaciones de los competidores. La inacción derivada del miedo a errar, de la falta de propensión a lo nuevo, debe ser erradicada de nuestras organizaciones, ya que estas dos actitudes son las frases iniciales de la crónica de una muerte anunciada.

Johan sufrió ataques en muchas ocasiones porque supuestamente no corría lo suficiente en el campo de juego. Le gustaba comentar que “todos los entrenadores hablan mucho sobre movimiento, sobre correr mucho. Yo digo que no es necesario correr tanto. El fútbol se juega con el cerebro. Debes estar en el lugar adecuado, en el momento adecuado, ni demasiado pronto ni demasiado tarde”. 

Me gustaría que trasladáramos al mundo empresarial algunos elementos críticos de las vivencias del Flaco en los terrenos y en los banquillos de los campos de fútbol: identidad propia, voluntad de ser protagonistas del destino propio, asunción de riesgos, ilusión, diversión, cooperación, dominio de los tiempos. El paradigma básico de Cruyff era la construcción del proyecto desde las propias capacidades internas del equipo, enriqueciéndolas permanentemente como elemento de diferenciación. Aprendamos de ello en nuestra vida profesional.

Después de sus éxitos con el Ajax, Holanda y el Barça comentó “demostramos al mundo que puedes divertirte como futbolista. Yo represento una época que dejo claro que el fútbol bonito es divertido y que, además, con él se conquistan títulos”. Gracias Johan por hacernos disfrutar de tu arte en el mundo del fútbol. Ya que no puedo intentarlo en los terrenos de juego, permíteme que intente aplicarlo en mi campo profesional. Hasta siempre; tú numero 14 nos acompañará permanentemente.

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Sabin Azua

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