La generación de riqueza es la mejor política social

Cuando asistimos a una carrera alocada de crecimiento del número de trabajadores en situación de desempleo, se produce una serie de recortes en los programas de apoyo a los colectivos desfavorecidos de la sociedad, cuando se anuncian recortes en presupuestos que afectan a la cohesión social, se hace más evidente la necesidad de articular medidas de actuación que contribuyan a una sociedad más justa y equitativa.

Desde mi punto de vista este proceso debe tener en consideración la potenciación de los mecanismos de generación de riqueza como piedra angular de las políticas sociales. La generación de empresas y administraciones más competitivas, con capacidad de inserción en el entorno competitivo internacional, comprometidas con el desarrollo sostenible es una condición imprescindible para poder desarrollar una política social avanzada.

Contemplo con estupor como algunas formaciones políticas y sociales se olvidan en numerosas ocasiones que la distribución de la riqueza, la tendencia a una sociedad más igualitaria y equitativa, la prestación de servicios sociales, educativos y sanitarios de calidad, etc., no pueden realizarse si no ponemos un acento especial en la generación de riqueza. ¡Qué evidente se hace esta verdad de Perogrullo en la dramática situación económica en la que nos movemos!

La apuesta por una Euskadi competitiva -desde mi punto de vista incluye la economía y la cohesión social- debe estar asentada sobre la base de una economía mixta (pública y privada) que aproveche las bondades del autogobierno y el concierto económico para favorecer la existencia de empresas competitivas, una apuesta por el desarrollo de la ciencia y la tecnología, una educación de calidad, y una cohesión social elevada.

Tenemos que acceder a mayores cotas de autogobierno, no para establecer fronteras inexpugnables, sino para utilizar nuestra capacidad de decidir en la articulación de políticas que favorezcan la justicia social -representada porque Euskadi continúe siendo uno de los territorios con menores diferenciales de renta en la sociedad-, la generación de un espíritu comunitario que haga avanzar el bienestar social, en el marco de una profunda apertura y cooperación internacional.

En Euskadi disponemos de una trayectoria de empresas con fuerte vocación social que pueden ser clave para el desarrollo de la competitividad de nuestro país. La pujanza del movimiento cooperativo (sin parangón en el mundo entero), la proliferación de empresas de economía social, la articulación de modelos organizativos basados en las empresas, las formas de participación de los trabajadores en las empresas, etc., son claros indicadores de la configuración de modelos competitivos de futuro.

Las políticas de las instituciones vascas deberán enfocarse en reducir los diferenciales de rentas entre la población. Creo que la igualdad absoluta -como decía Mao, “a trabajos iguales, salarios iguales”- es imposible y poco deseable, debiendo ser sustituida por la articulación de medidas que favorezcan una alta equidad en los niveles de desigualdad de renta, la incentivación del emprendizaje empresarial, la inserción de las empresas en la comunidad en la que se instalan, un compromiso por el desarrollo sostenido de los proyectos empresariales, etc.

Si queremos una sociedad justa y equitativa deberíamos generar una visión de la sociedad vasca sobre algunos de los rasgos que tradicionalmente la han caracterizado: solidaridad, comunitarismo, emprendizaje, esfuerzo, etc. Mi opinión es que la pregunta que se formulaba el que fuera presidente de ELA-STV Manu Robles Aranguiz “¿socialismo o comunitarismo?”, optando por este último, cobra una rabiosa actualidad en nuestros días.

En esta batalla por la competitividad y la cohesión social debemos hacer nuestra esta elección. En una sociedad comunitaria las personas tienen libertad de adhesión, son reconocidas en cuanto aportan, son solidarias, participan activamente en la mejora de las condiciones de todos los miembros, etc. Debemos intentar trasladar este espíritu a todos los ámbitos de la vida: la política, la sociedad, la cultura, las empresas y la educación.

Si queremos apostar por un nuevo modelo de desarrollo económico y de sociedad, apoyémonos fuertemente en los rasgos diferenciales de nuestro País. No son muchas las sociedades con esta tradición solidaria. Para fortalecerla es necesario que transformemos la esencia de nuestro sistema educativo para favorecer comportamientos en este sentido. La sociedad vasca debe comprometerse con este proceso de desarrollo de nuestra competitividad. Si queremos una sociedad más justa, contemplemos el sistema en su integridad. Exijamos a los gobernantes, empresas y sindicatos una apuesta decidida en este sentido. Pero no nos hagamos trampa: cada uno de nosotros debe aportar su colaboración a este proceso.

Sabin Azua

Leer el curriculum en este enlace

Read Sabin´s CV here

Medios