Living labs o aceleradores de la innovación empresarial

El llamado “efecto de la Reina Roja” es de sobra conocido por muchas de nuestras empresas. No basta con correr a la misma velocidad de antaño para seguir siendo competitivos. En esta nueva realidad que vivimos necesitamos acelerar. ¿En qué? En nuestro entendimiento de las necesidades reales de nuestros clientes, en la captación de nuevas oportunidades de negocio, en el desarrollo y lanzamiento de nuevos productos y servicios, en la incorporación de tecnologías emergentes, en el conocimiento de nuevos consumidores y geografías, etc.

Pero ¿qué nuevas herramientas existen para acelerar nuestra innovación? Una que comienza a sonar con fuerza es el “Living Lab”, entendido como ecosistema para acelerar la innovación empresarial. El concepto surgió como metodología de investigación para testear, validar, realizar prototipos y refinar soluciones complejas en entornos reales. Hoy en día, evolucionado y adaptado, puede aportar ventajas diferenciales a las dinámicas de innovación empresarial.

  • Conocimiento de primera mano sobre consumidores y necesidades. El cliente o usuario final de nuestros productos y servicios se convierte en protagonista. No es un simple eslogan, sino el eje central de la metodología. Porque ¿de verdad conocemos las necesidades y preferencias reales de nuestros clientes? Pongamos un ejemplo. Un conocido fabricante de automóviles preguntó (vía encuesta) a sus consumidores por el uso que daban a su 4×4 de alta gama. Respuesta mayoritaria: acceso a terrenos escarpados y excursiones de montaña. Incrédulo, el fabricante cambió el método y se dedicó a observar a sus clientes en su día a día. Eureka: el 80% usaba principalmente su vehículo para llevar a los niños al colegio. En un “Living Lab” el cliente se incorpora y participa activamente en todas las fases del proceso de innovación. Nos ayuda en la generación de ideas y detección de sus necesidades (a través de técnicas de observación, por ejemplo), en el diseño y desarrollo de nuevas soluciones, y en su validación final.
  • Punto de encuentro. Como afirma H. Chesbrough “que tu departamento de I+D sea el mejor del mundo será siempre más complicado que hacer del mundo tu departamento de I+D”. La filosofía nuclear del concepto “Living Lab” se basa en la invitación a los agentes de nuestro entorno a participar activamente de nuestro proceso de innovación. Nuestras empresas se vuelven porosas para captar y transmitir ideas, conocimiento, capacidades y tecnologías que nos permitan desarrollar nuevos productos y servicios. Generamos un espacio transversal de innovación donde nuestros clientes, proveedores, aliados, e incluso competidores son parte activa del mismo.  Caen las paredes de nuestras organizaciones.
  • Aceleración del proceso de innovación. No podemos negar la evidencia, la innovación es cara y falla habitualmente. Dotarnos de un ecosistema “Living Lab” nos permite estructurar y sistematizar nuestros procesos empresariales de innovación con vistas a la mejor identificación de los problemas que queremos resolver (“para qué innovamos”), la re-definición de nuestra organización interna de innovación (equipos y roles) para minimizar riesgos y costes, la selección y financiación de proyectos de innovación, el diseño de sistemas de evaluación y aprendizaje a partir de los errores cometidos, la validación de los nuevos desarrollos en entornos reales o simulados, etc.

El “Living Lab” comienza a ser una herramienta de aceleración de la innovación habitual en sectores como TIC, energía, productos de consumo, salud o movilidad. Referentes en su uso son empresas como Nokia, IBM o MediaMarkt. ¿Puede ser una nueva respuesta a las necesidades competitivas de nuestro tejido empresarial?

Oscar Valdivielso

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