El futuro de las empresas chinas en el mundo

El futuro de las empresas chinas en el mundo

China tiene un excelente liderazgo y un claro objetivo: abrir China al mundo y facilitar su salida al mundo. Hoy contamos ya con un buen grupo de empresas chinas que han salido exitosamente al mundo invirtiendo en nuevos proyectos internacionales o vía adquisiciones. Pero lo mismo funciona en la otra dirección, hay compañías europeas y españolas que han entrado en China. Sin embargo, al sumar la economía de China al del resto del mundo muchas compañías han perdido una relevante participación en el mercado global. 

Es evidente que el crecimiento de la economía de China tiene y seguirá teniendo un impacto notable en la economía mundial. Pero este impacto viene acelerado por otros movimientos que no tienen su origen en China únicamente, pero afectan también a todas las empresas, incluidas las chinas. Podemos hablar de la digitalización, de la globalización, del avance tecnológico (biotecnología, nuevos materiales), del crecimiento de nuevos formatos financieros relacionados con el capital riesgo o la private equity (fondos para invertir en empresas participando en ellas).

Pero al sumar la economía de China a la del resto del mundo no cabe duda de que muchas compañías han perdido una relevante participación en el mercado global. En su día, Hermann Simon nos habló en su libro “Los Campeones Ocultos” de empresas pequeñas que competían en mercados relativamente pequeños (a nivel mundial) y, por tanto, sin necesitar alcanzar un volumen de ventas muy grande, eran líderes en un determinado sector. Podríamos hablar de subsectores farmacéuticos, químicos, de fabricación de máquinas especializadas, en los que empresas con una facturación cercana a 100 millones de euros podían ser líderes con participación de un 30% o más del mercado mundial en aquella especialidad.

Muchos de aquellos campeones ocultos, el propio autor del concepto Hermann Simon lo ha explicado muy bien, han dejado de serlo por la entrada en el mercado mundial de países como China, con un mercado enorme pero además con proveedores de este mercado con tamaño suficiente para abastecerlo de forma relevante y traspasar las fronteras abasteciendo al mundo.

La salida de las empresas chinas al mundo se inició en los años 90 pero con gran lentitud y algunos problemas. Los empresarios chinos celebraron, por ejemplo, el fracaso de una de las primeras grandes adquisiciones realizadas en el extranjero. El Sr. Li Dongsheng, presidente y propietario de una importante compañía china, TCL, que fabricaba pantallas electrónicas, decidió adquirir Thomson en Francia. Thomson era una empresa con problemas. El Sr. Li Dongsheng no era consciente de lo difícil que era en Europa realizar los ajustes laborales necesarios para sanear una empresa. El proceso de saneamiento e integración de Thomson costó tiempo y esfuerzo y en China los empresarios lo consideraron un fracaso.

A la gran mayoría de empresarios chinos les iba bien que una empresa que se lanzaba con ambición fracasase y los problemas de Li Dongsheng con los sindicatos franceses, que se pusieron durísimos frente a la potente empresa china que había comprado Thomson y quería realizar una notable reducción de plantilla (porque, además, parte de los productos de Thomson los fabricaba también TCL en China a un coste notablemente inferior).

Finalmente, TCL logró resolver sus problemas, pero las dificultades de salir al mundo quedaron en evidencia.

Poco a poco otras empresas realizaron adquisiciones más cautelosas y con mejores resultados. Lenovo adquirió las unidades que fabricaban ordenadores de IBM. Bright Foods adquirió la cadena de supermercados Miquel Alimentació en España. Pero sin duda el caso más exitoso de salida de empresas chinas al mundo lo tenemos en Geely, presidida por el Sr. Li Shufu, que consiguió una modélica adquisición de Volvo en 2010 y una excelente gestión posterior de dicha adquisición.

Volvo había sido adquirido por Ford, que pagó 6.500 millones para adquirirla, pero Ford entró en una situación difícil, acentuada por la crisis que se inició en Estados Unidos en 2008. Ford corría el riesgo de quebrar por su caída de ingresos y su notable endeudamiento y necesitaba urgentemente vender sus recientes adquisiciones. Logró vender Jaguar y Land Rover a la compañía india Tata y, ya en plena crisis, tuvo que desprenderse de Volvo, recibiendo únicamente 1.500 millones de dólares de Geely, que fue la compañía que ofreció comprarle Volvo con más seriedad, rapidez y garantías de sostenibilidad futura de la empresa.

El Sr. Li Shufu mantuvo al Consejo y al equipo directivo de Volvo, continuó con Geely y Volvo completamente separadas, y entró enseguida en beneficios, rápido crecimiento, contratación de más empleados en Europa e incluso construcción de nuevas plantas, una de ellas en Estados Unidos.

Hoy contamos ya con un buen grupo de empresas chinas que han salido exitosamente al mundo invirtiendo en nuevos proyectos internacionales o vía adquisiciones. Pero dado el volumen de la economía de China eso sólo ha empezado. Para muchas empresas que no tienen un futuro claro por su dimensión, su nivel tecnológico, su falta de gestión o la complejidad de gestionarlas (a veces por complicaciones familiares), venderse a una empresa china y convertirse en su punto, o uno de sus puntos, de aterrizaje internacional fuera de China, puede ser muy útil. A veces el equipo directivo de esas empresas se siente motivado y asegurado por la solidez de su empresa matriz e incluso puede desarrollar proyectos que no habrían sido posibles sin esa fuerza detrás. Tenemos compañías chinas como Huawei que tienen un notable desarrollo en España donde el número de empleados directos supera los 1.000. Mindray vende productos médicos, es una empresa del sur de China, Shenzhen, y fue la primera empresa china en cotizar en la bolsa de Nueva York.

Pero lo mismo funciona en la otra dirección. Hay compañías europeas, y por supuesto españolas, que han entrado en China vía la adquisición de una empresa china o el establecimiento de una joint-venture con un socio chino. Y encontramos casos de éxito en muchos sectores, automoción, médico-farmacéutico, alimentación, consumo. Vemos que Gestamp tiene más de 10 plantas en China fabricando componentes de automoción, Zara es allí una marca de prestigio que encontramos en muchos centros comerciales o zonas comerciales en ciudades relevantes. En el campo de las finanzas La Caixa o el Banco de Santander tienen una actividad financiera importante. En el mundo de las compañías de servicios, empresas como McKinsey tienen mucha actividad. Si vamos a un supermercado veremos productos alimentarios de todo el mundo.

No cabe duda de que en este despliegue internacional de empresas chinas al mundo o de empresas internacionales a China hay grandes éxitos y grandes fracasos.

En todo caso, recordemos que:

  1. Un buen modelo de negocio es global.
  2. Entrar en otro país implica compromiso (equipo humano, inversión económica, dedicación de tiempo).
  3. Como afirmaba el Profesor de Harvard Frank Folts, “Nunca entenderemos a fondo otra cultura”, vayamos con humildad y respeto.

China tiene un excelente liderazgo, con el Sr. Xi Jinping al frente. El claro objetivo del Sr. Xi Jinping es paz, abrir China al mundo y facilitar su salida al mundo. Su proyecto “Belt and Road” persigue esto y no para de establecer acuerdos con países para facilitar la salida de empresas chinas al mundo. Al mismo tiempo ha mantenido un buen ritmo de crecimiento del PIB, en torno al 6,5%, pero mejor repartido en la sociedad china para eliminar la pobreza, y más orientado al consumo dependiendo menos de la exportación. Esto está funcionando bien.

 

Escrito por Pedro Nueno, Profesor del IESE y, Fundador y Presidente Honorario de CEIBS - China Europe International Business School

*Publicado en Estrategia #0000008

 

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