Empresas competitivas transformando la sociedad

Estamos asistiendo a una profunda transformación de los conceptos de competitividad motivada por los cambios que se dan en las sociedades de todo el mundo, el crecimiento de la desigualdad existente, la necesidad de redefinir el papel de la empresa en el contexto social, etc. El conjunto de todo ello impulsa a buscar una economía más humana, más centrada en las necesidades sociales y, generadora de espacios para la creatividad y el desarrollo personal y profesional de las personas. 

Varias voces autorizadas avalan esta tesis. Para Paul Krugman existe una profunda correlación entre el nivel de cohesión social de un territorio y su competitividad como puede apreciarse en esta afirmación: “Está demostrado que las desigualdades sociales son un lastre para el crecimiento, mientras que una adecuada redistribución de las rentas es muy beneficiosa para la economía. No hay una evidencia que diga que hacer a los ricos más ricos produzca un enriquecimiento de la nación en su conjunto, pero al contrario, existe una clara constatación de que hacer a los más necesitados más ricos, genera mejora en la competitividad”

Joseph Stiglitz contempla la misma opinión cuando incide en la propia naturaleza de la empresa como generadora de un empleo de calidad y comprometido en el proyecto empresarial, bajo formas de participación innovadoras. Por ejemplo, señala lo siguiente: “El capitalismo no puede funcionar si las empresas privadas no tienen relación con la rentabilidad social. Éstas son la base de la inclusión social vía empleo y la generación de marcos adecuados para mejorar la competitividad y reducción de las desigualdades sociales”.

Michael Porter va incluso más lejos cuando nos sitúa ante un escenario para las empresas centrado en la consecución de fines sociales como mecanismo de transformación y mejora de su competitividad, que define claramente aduciendo que “el propósito de una empresa debe ser redefinido para crear valor compartido con la sociedad, no por el beneficio exclusivamente. Esto conducirá la siguiente ola de innovación y crecimiento de la productividad en la economía mundial”.

Pero estas apelaciones a la nueva competitividad empresarial chocan con una realidad muy exigente. Es un tiempo complicado que fuerza a navegar en aguas turbulentas. Lo que se ha denominado fenómeno VUCA (acrónimo en inglés para Volatilidad, Incertidumbre, Complejidad, Ambigüedad) es una realidad que nos indica una permanente turbulencia en mercados y políticas, que los patrones y las magnitudes de cambio han dejado de ser predecibles, que cada vez es más difícil predecir el futuro que ya no puede ser explicado apelando al pasado, que la interrelación de causas y factores es creciente. El mundo está cambiando y obliga a nuevos paradigmas de actuación en materia de gestión empresarial.

El impacto de las tendencias sociales en las empresas cada vez será más fuerte. Existen elementos sociales que incidirán en los modelos empresariales. Entre otros, yo señalaría como ejemplo las siguientes: la necesidad de reinventar el capitalismo y actuar efectivamente contra las desigualdades sociales, promoviendo el crecimiento como fuente de riqueza y no como mero  dogma; el papel del empleo como elemento de inclusión social y desarrollo personal, la promoción de mecanismos comunitarios como respuesta al individualismo que se acelera en la sociedad, o los ecosistemas de competitividad que integren acciones de gobiernos, empresas, organizaciones no gubernamentales, centros educativos, asociaciones, etc.

Estos hechos, mas la creciente competencia intrínseca que se da en todos los mercados, obligan a las empresas a una transformación de sus modelos de negocio, de sus mecanismos de generación de valor, de la implicación de las personas y agentes con los que colabora, claves todas ellas para mejorar su productividad y capacidad de competir. 

Asistimos a continuas referencias a la bondad de cada modelo frente a otras formas de empresa: algunos se postulan a favor de la economía colaborativa, otros insisten en que la economía social es la única forma posible en el nuevo entorno, otros sostienen que las empresas que tengan mecanismos de co-creación de valor empresa-sociedad son las que triunfarán, mientras otros se mantienen en escenificar las bondades de las empresas tradicionales generadoras de riqueza, empleo y productoras de bienes y servicios.

En mi opinión, la adecuada combinación de elementos de cada uno de esos modelos (y de otros que por espacio no se pueden mencionar) es lo que permitirá a las empresas desarrollar modelos que potencien su competitividad. Partiendo del hecho de que es necesario generar riqueza, las empresas deben crear proyectos atractivos para los profesionales, competir internacionalmente adaptándose a las realidades sociales de cada enclave territorial en el que participen, fomentar su capacidad de trabajo en red y en cooperación con todo el ecosistema socio-empresarial, e incorporar la visión social en su estrategia empresarial que le lleve a la generación del valor económico combinado con la creación de valor para la sociedad, poniendo para ello a la persona en el eje de actuación en un proyecto compartido e intergeneracional que apueste por un reparto de rentas justo y solidario.

Me parece apasionante la tarea que tenemos por delante. Tenemos que abordarla con una fuerte consciencia de la propia identidad de la empresa, para crear una visión de futuro motivadora y vinculada con la finalidad social, compromiso colectivo y solidario, diversidad para enriquecer el proyecto, y con una clara apuesta por la creatividad de los individuos. Nada será posible si no lo hacemos con pasión y voluntad de trascendencia.

Puede seguir el artículo en El Economista.

Sabin Azua

Leer el curriculum en este enlace

Read Sabin´s CV here

Medios