Un paseo por la competitividad de nuestro País

Coincidiendo con la exitosa efeméride del 25 aniversario de Estrategia Empresarial me parece oportuno realizar una revisión del camino emprendido en nuestro País para alcanzar las cotas de competitividad y bienestar actuales. No ha sido un camino fácil, pero ha representado un ejercicio de coherencia estratégica y proyecto compartido que comporta la actuación decidida de agentes públicos y privados para favorecer nuestra inserción en el entorno competitivo internacional.

Creo que es preciso recordar el escenario base del que partíamos ya que la tarea no ha sido, ni lo será en el futuro, fácil. A comienzos de los 90´s Euskadi vivía una situación anegada de realidades inquietantes. Si bien se habían puesto las bases de una estrategia para la recuperación de la Industria de nuestro País y, se habían afianzado las estructuras de autogobierno con importantes lagunas en el desarrollo íntegro del Estatuto de Autonomía (muchas de las cuales aún hoy subsisten), nos enfrentábamos a una Europa débil y en construcción del Mercado único Europeo, etc. y vivíamos una situación socio-económica no excesivamente halagüeña.

Partíamos de un escenario de grave crisis estábamos en pleno proceso de diversificación de nuestra estructura industrial con un viraje estratégico muy complicado de la industria pesada a una industria más transformadora, teníamos unos niveles de desempleo (cercanos al 25%, con zonas del país en el entorno del 30%), la violencia y la confrontación eran un paralizador de la fuerza movilizadora del País, la estigmatización social que tenía –en amplios colectivos sociales – la figura de la empresa y del empresario,  la inversión pública y privada era muy reducida, teníamos un tejido empresarial necesitado de modernización e innovación, nuestro nivel de inserción internacional era escaso, etc. Es decir, teníamos un amplio margen de mejora colectiva.

Sin lanzar las campanas al vuelo, pues nuestro País sigue teniendo grandes retos para continuar en su camino hacia la competitividad, creo que la sociedad vasca puede sentirse orgullosa del proceso realizado durante estos años. Hoy nos encontramos con una sociedad altamente cohesionada (los niveles de desigualdad social, aunque crecientes en los últimos años por la grave crisis económica, se encuentran entre los más bajos de Europa), tenemos unos niveles razonables de desarrollo de nuestros sectores estratégicos, hemos mejorado notablemente nuestra inserción competitiva internacional, se ha producido una creciente incorporación de valor añadido a los productos y servicios comercializados, disponemos de una potente red de ciencia y tecnología. En general, podemos afirmar que el ecosistema industrial y económico del País (con la participación de muchos agentes) se ha consolidado.

En mi opinión, algunas de las claves que nos han conducido a esta situación son las siguientes: una política industrial coherente y continuada que aporta guía y estabilidad a la actividad empresarial; una adecuada combinación del binomio generación de riqueza=reducción de las desigualdades sociales como eje estratégico de actuación colectiva, la apuesta por la industria como elemento vertebrador de la competitividad por su enorme papel tractor del desarrollo económico, el empleo y la investigación; la generación de marcos estables para la colaboración público-privada en el desarrollo de las estrategias de transformación, la creciente involucración de la empresa con la sociedad y su papel en la generación de riqueza y bienestar, la transformación individual de muchas empresas del País, etc.

Pero no debemos caer en la autocomplacencia. Nos queda mucho camino que recorrer y tenemos que afrontar enormes retos de futuro para seguir avanzando en nuestro objetivo de ser una de las sociedades más cohesionadas de Europa. Nos enfrentamos a un mundo convulso y desorientado en cuanto a políticas y praxis competitivas, afrontamos una situación demográfica compleja de futuro que no nos garantiza la consecución del talento necesario para el desarrollo armónico de la competitividad del País, debemos generar mecánicas de desarrollo de empleo de calidad y fortalecer la política de reparto de rentas en la sociedad tenemos que abordar con éxito la adaptación a la Industria 4.0, la inserción internacional es una necesidad imperiosa para nuestro tejido empresarial, etc.

Considero que el fortalecimiento de nuestra capacidad de autogobierno, que facilite la consolidación de políticas activas de generación de riqueza y profundice en el modelo social que incremente nuestra cohesión social, es pieza fundamental para abordar un futuro mejor para el País.

 

Artículo publicado en el especial "25 años en positivo" de Estrategia Empresarial. 

Sabin Azua

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