Promover la revolución empresarial

En el curso de mi actividad como consultor de estrategia empresarial me veo inmerso en escenarios competitivos cada vez más inciertos y cambiantes que condicionan fuertemente el diseño de estrategias de negocio. Dicen los chinos: “Ojalá nos toque vivir en tiempos interesantes”, no creo que ninguno de nosotros sintamos que vivimos en tiempos anodinos.

Este marco  en el que nos toca vivir en la gestión empresarial no puede ser atacado desde posicionamientos convencionales u ortodoxos. Las viejas recetas de éxito del pasado, no van a conducirnos a mejores escenarios de competitividad futura. Necesitamos articular procesos trasgresores y revolucionarios para lograr la diferenciación frente a nuestros competidores.

Parafraseando al gran pensador en Management Gary Hamel “Tenemos que liderar la revolución en la empresa: el reto es crear una fuerte capacidad de innovación de conceptos empresariales radicalmente nuevos y con capacidad de reinterpretar de forma sorprendente los viejos”. Me pregunto: ¿Cuántos directivos están dispuestos a liderar la revolución en las empresas?

En mi opinión, en el contexto competitivo internacional en el que nos movemos, una estrategia innovadora radical tiene que cumplir con una serie de rasgos esenciales: Por un lado, debe favorecer la creatividad en toda la organización, generar valor en torno a los activos intangibles de la empresa, y mantener una gestión dual, preparando el futuro y gestionando el presente de forma sincronizada.

Por otro lado, debe poner el acento en la capacidad de diferenciación de la empresa en el mercado generando modelos de negocio adaptados a sus principales segmentos de clientes, y debe apasionarse por dotar de experiencias relevantes a sus clientes, y además fomentar el intraemprendimiento dejando que “broten ideas y proyectos nuevos como las malas hierbas” (como dice el gran maestro de la estrategia Henry Mintzberg) que intenten perturbar el orden establecido.

Las revoluciones las dirigen y hacen las personas. Es por ello que el foco está en poner a las personas de la organización en el corazón de la empresa, generando contextos favorecedores de su desarrollo, democratizando las empresas, fomentando la diversidad y la multiculturalidad para promover el enriquecimiento del pensamiento estratégico de la organización, promoviendo una fuerte implicación social con su entorno inmediato.

Hago un llamamiento a los líderes empresariales a asumir el reto con la pasión y compromiso necesarios para generar un proceso revolucionario que potencie el atractivo de nuestras empresas para todas las personas, y para enganchar a los jóvenes a proyectos interesantes de transformación.

Puede seguir el artículo en El Economista.

Sabin Azua

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