| El objetivo de esta nueva edición es reflexionar y debatir en torno al tema: “Dirección estratégica de equipos o cómo hacer que las cosas pasen". Y hacerlo de una manera distinta, recuperando el diálogo como mecanismo de búsqueda de caminos de avance. Habitualmente las empresas, al igual que las personas, encontramos dificultades a la hora de traducir el pensamiento en acción, especialmente cuando dichas ideas nos apartan de lo establecido o lo convencional. Es en esos casos cuando mayores reticencias y dificultades existen para el cambio. Los directivos afirman que una estrategia que no se lleva a la práctica es lo mismo que no tener ninguna estrategia. Y además constatan que el éxito de la estrategia diseñada depende en gran medida de cómo se implante, por lo que podemos afirmar que las estrategias fracasan habitualmente no por su definición, sino por su proceso de implantación. Nos encontramos entonces ante un proceso desafiante, que nos obliga a considerar diferentes elementos: • Uno de los primeros retos pasa por lograr que las personas reconozcan la necesidad del cambio. Sobre todo cuando, en ocasiones, nuestras personas viven la realidad empresarial de forma diferente según sus funciones, responsabilidades, experiencia, etc. Debemos ser conscientes de que encontraremos obstáculos en forma de intereses creados, prejuicios, escepticismo, etc. y todo tipo de «anticuerpos» ante el cambio. • Por todo ello, resulta vital mantener un alto nivel de «emoción» en torno al proceso, activando herramientas de comunicación, participación, aprendizaje, etc. y, sobre todo, encontrando a las personas clave tanto para liderar como para «hacer» el cambio. • Para que una estrategia nueva se convierta en un verdadero «movimiento de cambio», las personas deben conocer cuál es su papel en la implantación, trasladando la estrategia al día a día de cada uno. Ello nos obliga a desagregar los retos y estrategias corporativas en objetivos y tareas concretas asumibles por cada persona de la organización. Y además, nos obliga a revisar, repensar y ajustar de forma permanente y dinámica el camino que se ha iniciado. • Por último, poner en marcha una estrategia requiere tiempo y recursos. Cuando ambos escasean, debemos buscar fórmulas para liberar desde el comienzo nuevos recursos y para maximizar el valor de los ya existentes. Para concluir esta nueva invitación a conversar de la mano de B+I Strategy y APD, os proponemos una reflexión que nos dejan W. Chan Kim y Renée Mauborgne: "Los cambios fundamentales pueden ocurrir rápidamente en cualquier organización siempre y cuando se genere un movimiento epidémico a favor de una idea, impulsado por las creencias y las energías de una masa crítica de personas". |